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JOSÉ RAMÓN DE LA MORENA. LA ENTREVISTA.

“Lo que quería reivindicar es que os enseñaran, de una puñetera vez, cuál es el camino para ser periodistas. Si es este o hay atajos. Porque si hay atajos, que nos lo digan a todos. Esa fue la pregunta que hice yo, hace muchos años, a un periodista que vino a esta facultad”.


jose ramon de la morena punto de encuentro 1

David Redondo. Texto

Entrevista realizada por David Redondo y Diego Montes

Fotografí­a Irene Naranjo y Enrique Sánchez.

Esa es la pregunta que se hizo Joserra cuando aún era un pipiolo de facultad que apuntaba a periodista. Ahora se llama José Ramón de la Morena y junto a este nombre aparece, casi sin quererlo, el de ¡El Larguero¡. José Ramón cumplí­a recientemente los 53, su programa alcanzaba la veintena de años.   No se puede entender a José Ramón sin conocer qué es El Larguero. Decir uno y decir el otro es hablar de liderazgo, éxito y, por supuesto, periodismo.

Porque esa pregunta que José Ramón reivindica delante de todos los estudiantes en la facultad de Ciencias de la Información, sólo la puede hacer un periodista de vocación. De esos hay pocos. De tí­tulo, muchos.

Hemos convencido a De La Morena para que acuda a una entrevista-coloquio al salón de actos de la que fuera su facultad. La verdad es que todo lo hemos llevado con su secretaria y el jefe de deportes, Antonio Martí­n Valvuena. Con José Ramón sólo pude hablar unos minutos la tarde de antes por teléfono. Mi primer y único contacto.

Esto ya demuestra que no tratamos con un periodista normal, como cuenta él.

Ser periodista, no es ser lo que soy yo. Es otra cosa. Posiblemente más normal. A mí­ me han pasado una serie de cosas maravillosas. Otras más duras… Pero un periodista normal no gana lo que me pagan a mí­, su sueldo es más normal. No le conoce la gente, no lo llevan a la facultad…

José Ramón reflexiona en alto. Se siente periodista, pero es sabedor de que él es una excepción. Intenta hacer ver a ese salón de actos abarrotado que ser periodista es más que todo eso.

Un dí­a estaba charlando con José Tomás y me llamó el hijo de un amigo mí­o para decirme que querí­a ir a la facultad de Ciencias de la Información, que querí­a ser periodista. Yo le dije: ¡Pero si tú nunca has tenido vocación, ni pensabas en ser periodista.¡ El chaval insistí­a en que querí­a ser periodista y en que el fútbol le gustaba muchí­simo.

Entonces me dice José Tomás: ¡ ¡Qué coño va a querer ser periodista! Ese lo que quiere es ser tú. Es como cuando me llaman a mí­ y me dicen que quieren ser toreros. Esos quieren ser yo. Y eso es otra cosa¡.

Para llegar arriba hay que valer. Seguramente, muchos de vosotros valéis. Pero además, hay que tener esa suerte bendecida de llegar en el momento oportuno. El consejo que os doy es que aguantéis siempre por lo menos un minuto más que los demás. Si aguantas un minuto más, ganas. Esa ha sido mi máxima. Y luego que tengáis mucha suerte.

jose ramon de la morena punto de encuentro 2Talento, suerte y ganas. La clave del éxito para José Ramón. Quizá eso se resuma en vocación. Intuyo que lo que José Ramón quiere explicar ante la atenta mirada de mi compañero Diego Montes y mí­a a todos esos futuros licenciados en periodismo es que, por separado, ni el talento, ni la suerte, ni las ganas te garantiza nada. Sólo el que realmente tiene esa vocación, ese deseo de ser periodista y cree en ello, llega. Sólo ése puede hacerse la pregunta:

¿Cuál es el camino para ser periodistas? ¿Es este o hay atajos? Porque si hay atajos, que nos lo digan a todos

La visita de José Ramón de la Morena a la facultad ha levantado mucha expectación. No es una facultad donde sea común la visita de grandes profesionales del medio, por raro que parezca. La magnitud del acto y la exigencia de que todo salga perfecto se nos va atragantando a Diego y a mí­ conforme se acerca la hora de recibir a De La Morena y comenzar todo.

La noche anterior fue dura. Dormimos menos de cuatro horas. Y no fue la única. Querer conseguir que la gente salga satisfecha de la entrevista, que lo haga también José Ramón y que Punto de Encuentro esté a la altura de las circunstancias, es un reto difí­cil.

A pocos minutos de las 12.30 me llama Antonio Martí­n. Aún no ha llegado José Ramón. Lo esperamos fuera él, Diego y yo.

José Ramón, para sorpresa mí­a y de mi compañero, viene caminando tranquilo y en todo momento deja que nosotros marquemos los tiempos. Querrí­a empezar antes el acto, pero   aún no es la una. Charlamos un rato en la parte superior del salón de actos, mientras vemos como se va llenando poco a poco.

Lo veo con ganas. Querí­a volver a la que fuera su casa. En la que disfrutó, pero en la que también habrí­a que reivindicar cosas.

Suena la sintoní­a versionada de El Larguero de la guitarra y voz de Diego Pérez Callejo. Se apagan las luces. Subimos los tres a la tarima.

-                   Siendo tú el entrevistado y siendo la una de la tarde te sentirás raro delante del micrófono ¿no?

-                   Sobre todo por las horas. Yo soy un tipo que habla mucho. Muchí­simo. No paro. Es uno de mis grandes defectos. Me suena raro tener un micrófono a la una, pero hablar no. Desde que me levanto estoy dale que te pego. Me suena extraño, pero al tiempo me da un placer nostálgico estar aquí­.

-                   Oye acercarte a esta facultad, para ti debe ser como para ese futbolista que lo ha ganado todo y visita al equipo de su pueblo donde empezó a dar los primeros toques al balón…

-                   Bueno… yo no he ganado tanto. Los deportistas sí­, pero en el periodismo no existe números uno. Son presunciones presuntuosas de las empresas que contribuyen luego a equivocarnos a los periodistas y a hacernos creer importantes. A hacer eso que llaman periodistas estrella, que lo que hacen es volvernos más gilipollas de lo que ya somos de por sí­. Con lo cual, no tengo mucho de lo que presumir más que de ser un tipo con la suficiente suerte de haber estado en el momento adecuado en el sitio adecuado.

Lo que yo he tenido suerte ha sido una vocación tremenda. Y es lo que me gustarí­a explicar.

Es increí­ble. José Ramón ha mutado delante del micro. Es una fuerza de la naturaleza. Lo domina todo cuando habla a esa esponja y te sientes impotente ante tal demostración de lo que deber ser un locutor de radio.

Comienza entonces a explicar cuáles fueron sus orí­genes. Brunete, su grupo de amigos, la revista de su pueblo. Su primer año de facultad en Derecho, la espantada. Las pruebas de acceso a la facultad de Ciencias de la Información… Es un largo monólogo de más de diez minutos, que en boca de otros podrí­a ser eterno y que en la de un prestidigitador de la palabra como es De La Morena es una historia apasionante aderezada con metáforas.

Parezco el abuelo Cebolleta contando estas historias. No, los viejos no las cuentan así­. José Ramón es como esos veteranos actores de teatro que manejan en todo momento el ritmo de la escena. Sabe cuando la atención decae, y cambia de tono. Sabe que el tiempo avanza, mira el reloj. Mantiene en su cabeza que esto es una entrevista y cada poco comenta: ¡estos chicos querrán preguntar algo, asique voy acabando¡.

Después repasa su paso por esta facultad. Nada en primero y segundo. En tercero decide recorrerse todas las emisoras y periódicos.

No nos daban ni bola en ningún sitio. Luego escribí­ una carta a un montón de periódicos para trabajar gratis en verano. Mi mayor ilusión era cuando me contestaban… para decirme que no, claro. Pero oye, cuando llegaba a mi casa un sobre con el membrete Siete Dí­as de Canarias… yo escribí­a a los sitios más raros, pero no hubo nada.

Un dí­a me llaman de Radio Intercontinental porque andaban haciendo pruebas. Allí­ nos cogieron para tres meses a mi amigo Tomás y a mí­.

Cuenta lo duro que es trabajar de prácticas gratis, estudiar la carrera y luego trabajar en otro lado para sacarse unas pesetillas. Pero así­ es esta profesión. También comenta algún que otro fallo de principiante que enrojecerí­a al más pintado, si no se tratase de quien es. José Ramón prosigue:

Luego eché la instancia para las becas de la SER y en una de estas me llamaron para hacer las pruebas. Ahí­ empezó el cuento de hadas que me tiene ahí­ en una nube.

Claro, después de todo esto, miro mi hoja de preguntas, miro a Diego Montes y te dices… ¿Y qué coño le pregunto yo ahora? Si lo ha contestado todo ya…

Pero es tal el dominio de la escena de Jose Ramón que salta entre risas: ¡Os he jodido ya la entrevista¡.

-                   Para los que estamos atados a esta facultad unos años y aún nos queda, donde realmente no aprendimos nada útil, ¿cuál es la alternativa?, pregunta Diego.

-                   Sí­, pero os va a dar un barniz cultural. Se nota mucho los periodistas que salí­s de la facultad de los que salen de no sé muy bien dónde. Del enchufe, de la calle… Es que hay periodistas que… os contaria anécdotas.

Se lo piensa.

Mira que yo he venido aquí­ pensando: ¡no te metas en lí­os, no te metas con nadie…¡ Pero al final pico.

Y entra, como el toro noble y bueno acude a la muleta, José Ramón entra.

-                   Os voy a contar la historia de un periodista de los más populares que hay. Trabajaba de RRPP en una discoteca. Allí­ Iba Garcí­a a tomarse las copas cuando acababa su programa. Tení­an amigos allí­ en común. Este tipo jugaba de maravilla al fútbol y por aquel entonces, los medios hací­an un torneo de fútbol sala. Garcí­a le cogió a este para su equipo. Cuando fueron a jugar con los de RNE, Rafa Recio, que era su portero, se negó a que sin ser periodista, éste jugase con ellos.

Comenzó una discusión entonces entre Recio y Garcí­a, que si juega, que no, que sí­, que no. ¡Pues desde mañana trabaja en Antena 3¡, dijo Garcí­a. Y nosotros ¡hostia¡.

José Ramón alarga la anécdota sabedor de lo que está gustando y de las risas que provoca.

-                   Éste de quién hablamos le preguntó: ¡ ¿y qué hago?¡. Garcí­a le dice: ¡Pues me subes el café¡. Y así­, poco a poco, tal y cual… periodista.

Cuando dice el nombre del afamado periodista deportivo las risas ya son carcajadas.

-                   Lo que quiero decir es que unos tenemos que estar aquí­ cinco años, patearnos periódicos, radios, ponernos a buscar algo con 23 años y luego ves que otros, sin pasar por aquí­ o por enchufe o lo que sea: pum, son periodistas. De ahí­ mi pregunta, ¿cuál es el camino para ser periodista? Que lo digan, pero que sea el mismo para todos.

-                   Oye, José Ramón… Ahora nos cuesta imaginarte en tus principios. Te imaginamos más comiendo con jugadores, presidentes de clubes, polí­ticos… ¿Hasta qué punto te ha cambiado el éxito?

-                   Bff… Nos cambia a todos. Te cambia tanto que eres tan imbécil que dices: ¡no, no, si yo soy el mismo de siempre¡. Pues claro que eres el mismo de siempre, joder no te van a salir plumas. Evidentemente cambias. Te haces más desconfiado porque te llueven los palos… el éxito te cambia, como te cambia el fracaso.

foto-3Yo creo que he sido buen reportero. Quizá mejor que presentador de un programa de ¡éxito¡. El éxito te lo dan los medios de comunicación… Estando en el mejor escaparate las cosas se venden.

También he tenido la suerte que me ha tocado vivir la mejor generación de periodistas deportivos que ha tenido la SER y eso a mí­ me ha ayudado mucho. Si yo estoy allí­ es gracias a ellos.

He cambiado… pero a mí­ me pide el cuerpo salir un poco.

-                   ¿Vas a hacer la Vuelta o qué?

-                   Me gustarí­a hacerla este año. No toda, pero sí­ volver a mis tiempos de reportero.

-                   Con más de un millón y medio de oyentes, ¿uno siente la responsabilidad cuando llega al estudio cada noche?, pregunta Diego.

-                   Sí­, yo me pongo muy nervioso. Y cuando llegan los últimos diez minutos intento tranquilizarme y hacerme el simpático, pero no. Dependes de muchas cosas.

José Ramón nos cuenta que sigue igual de ilusionado que hace treinta años cuando hace ese camino entre su despacho y el estudio.

-                   Algunas veces lo piensas. El dí­a que falte esa ilusión te darás cuenta que todo se ha acabado. Tampoco es que tenga la intención de estar ahí­ mucho tiempo.

Pero lo que sí­ os digo es que vienen mejores periodistas. Vosotros seréis mejores periodistas. Quizá menos sacrificados porque creo que nosotros estábamos dispuestos a hacer más sacrificios. Creo que mi generación ha mirado mucho por sus hijos.

Yo soy optimista en esto, creo que vienen mejores periodistas y mejores personas.

Tras esto: relax. Diego Pérez toca ¡Aclarando conceptos¡. Quizá nos sirva para replantearnos la entrevista. A la vuelta de la canción, entro fuerte:

-                   Entre el periodismo y el fútbol podrí­amos establecer un paralelismo. Es verdad que cada vez hay más medios, pero los grandes equipos siguen siendo los mismos. En el fútbol hay gente que se molesta en ir por los campos de los chavales jóvenes y coger a los Iniesta, Torres, Fí bregas… y ficharlos. Pero yo no veo que haya por aquí­ ojeadores de la SER, ni que renueves tu equipo…

La pregunta provoca las risas de todos aquellos que están frente a nosotros. Son las risas de los que saben que este comentario es tan cierto como la vida misma y ven bien que pongamos en algún aprieto al entrevistado.

José Ramón da la razón en parte. Busca excusas   – ya saben eso de que cuando se inventaron las excusas se acabaron los errores – para justificar la no renovación. Nos habla de chavales que han entrado. Chavales también que no se quedarán. Eso lo sabe él y lo sabe la sala entera.

Es lógico ampararse en el dicho de ¡si algo funciona, no lo toques¡. Y El Larguero, funciona. Pero lo cierto es que todo admite margen de mejora. Esa es nuestra reivindicación.

Los que realmente pisan esta facultad porque se sienten periodistas no lo hacen para fundar periódicos ni nuevos medios de comunicación. Lo hacen para pelear por su puesto, para disputar al veterano ese micrófono o esa mesa en la redacción. Lo único que se pide es la oportunidad de disputarlo, que hoy en dí­a se ha perdido. Hoy, en los grandes medios de comunicación antes de abrir el sobre del currí­culum, miran el nombre.

Me hubiera gustado que José Ramón entendiese esta pregunta. Me voy con la duda de si es así­ o no.

La conversación ya va para una hora. Diego Montes, le pregunta sobre su Atleti y la posibilidad del descenso. Intenté disuadirle de que lo hiciera, pero Diego es un cachondo y se ha empeñado en que este año el Atleti baja a segunda división.

-                   Tú me quieres dar la mañana… te estás poniendo de un simpático… (risas) Bajar a segunda es peligrosamente fácil. Cuando tienes un equipo que puede estar arriba pero de repente te metes ahí­ abajo y coges una dinámica en la que todos los partidos es una final para no bajar… Te ves en segunda y te vas a segunda.

Después opina sobre el Madrid, el Barí§a, Nadal, Alonso…

-                   Para mí­, Fernando Alonso es el mejor deportista que ha tenido este paí­s. Lo entiendo así­. No solamente por ser campeón del mundo, sino por cómo vive su profesión. Es un piloto de sensaciones.

Abierto el turno de preguntas, los chicos y chicas – más ellos que ellas – se lanzan a hacerle preguntas que ponen en más de un aprieto a José Ramón. La entrevista de Lama y Carreño en Deportes Cuatro a Florentino Pérez, por ejemplo abre la veda. A nadie le gustó. Entiendo que a José Ramón tampoco. Pero se muestra tan tremendamente sincero y cómodo en esta mañana que prefiere no mojarse y desilusionar así­ un poco a la audiencia, que faltar a la verdad.

Después más preguntas sobre su competencia en las ondas, sobre alguna gresca que otra con Luí­s Aragonés o sobre por qué no hay tantas mujeres en el periodismo deportivo como hombres.

-                   La mujer lo tiene más complicado. Los futbolistas son hombres y sus confidencias y eso se lo cuentan más fácilmente a un amigo periodista que a una amiga periodista. Difí­cilmente cogen confidencialidad con una chica porque empezarí­an a hablar las malas lenguas… Hay una serie de barreras que hacen más complicado que una chica entable una relación de amistad con un futbolista, como por ejemplo lo ha hecho Lama con Raúl. Eso dota de más credibilidad a la información.

No lo sabrí­a explicar de otra manera. Pero te digo que si encontrase a una chica para El Larguero, yo no tendrí­a ningún problema. No encuentro la fórmula.

Tienes razón.

Con las preguntas de los asistentes, de los alumnos y alumnas de esta facultad y también con alguno que otro que se ha colado… va llegando la hora.

Arrancamos un último compromiso a José Ramón: el de hacer un Larguero en este salón de actos después de los exámenes de febrero.

Serí­a de estúpidos hacerle preso de sus palabras en tales circunstancias, pero, joder, él me dijo que vendrí­a a la entrevista y ha venido. ¿Por qué no va a cumplir lo que dice con El Larguero?

Cuando José Ramón se va a eso de las 14.15 horas del salón de actos y todo son elogios, felicitaciones y aplausos Diego y yo nos recluimos unos instantes en el backstage del escenario. Todo ha salido a pedir de boca, hemos logrado nuestro objetivo. Sin embargo, hay algo en él y en mí­ que nos incomoda. Quizá sea la tensión a la que hemos estado sometidos, o los nervios. O quizá haya sido que hemos tenido delante a un monstruo de la comunicación, de la radio.

Con la perspectiva que me da el tiempo, creo que no logramos sacarle a José Ramón aquello que buscábamos. Fue tremendamente sincero, pero dijo lo que quiso. Aún no conocemos a ese José Ramón persona. Quizá eso sólo sea posible de otra forma y en otro tipo de ambientes.

Es posible que, aquella mañana de martes en la facultad de Ciencias de la Información estuviera el toro por encima de los espadas. Pero qué coño, el toro era buení­simo.

foto-5

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Publicado por en diciembre 10 2009. Archivado bajo Entrevistas PDE, General. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

3 comentarios por “JOSÉ RAMÓN DE LA MORENA. LA ENTREVISTA.”

  1. [...] estas palabras concluí­ el reportaje de ese 24 de noviembre de 2009 en el que José Ramón de la Morena quiso recordar y revivir que hubo un [...]

  2. [...] La promesa de este programa nació justo en 2009 cuando un servidor y un compañero entrevistábamos a De La Morena ante cientos de estudiantes en ese mismo salón de actos de la [...]

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