“El Estado Español se ve perjudicado por el tráfico de niños en un hospital público. No les interesa”
Entrevista a la coordinadora de la plataforma de afectados por la adopciones irregulares de la clínica San Ramón.
¡El Estado Español se ve perjudicado por el tráfico de niños en un hospital público. No les interesa¡

Fachada de la clínica San Ramón en Madrid. Foto: David Fernández
GUILLERMO LERMA. – Entrevista.
Durante los años 60, 70 y 80 la Clínica San Ramón de Madrid fue escenario de un presunto tráfico de bebés dirigido por el doctor Eduardo Vela y la monja Sor María Gómez. Se cree que la mayor parte de los beneficios con los que se financiaba la clínica provenían de adopciones y apropiaciones de niños por las que llegaban a cobrar 200.000 pesetas. La periodista María Antonia Iglesias publicó en 1981 tres reportajes en la revista Interviú donde se ponían de manifiesto las supuestas irregularidades que hicieron que ese mismo año la policía abriese una investigación que acabó con el cierre del sanatorio madrileño y con la detención del doctor Vela, que a pesar de las evidencias, nunca fue condenado.
Hoy, aquellos bebés víctimas del presunto tráfico de personas luchan por descubrir sus orígenes y saber qué pasó exactamente el día en que sus madres los trajeron al mundo. A través de Internet, adoptados de la Clínica San Ramón de Madrid y de otros muchos hospitales de toda España han conseguido sumar esfuerzos y poner en común datos que han ayudado a dar respuesta a muchas de esas preguntas.
La Plataforma de Afectados de la Clínica San Ramón, Santa Cristina y Belén de Madrid comenzó su labor hace dos años. A través de un foro creado en la red empezaron a investigar sobre lo ocurrido y en la actualidad tienen registrados en su página web alrededor de 500 usuarios que podrían ser víctimas de esta supuesta trama de compra-venta de recién nacidos.
María fue uno de esos bebés que ahora con treinta años quiere conocer y entender su pasado para vivir mucho mejor el futuro. Trabaja como coordinadora de la plataforma e intenta reunir toda la información posible de aquellos que pasaron por los pasillos del sanatorio y que puedan ayudar y aportar algo de luz a este caso. Es ella quien de primera mano nos ayuda a entender la dimensión de lo ocurrido:
-Hay casos de niños adoptados en todas partes de España, incluso fuera de nuestras fronteras. ¿Había una red que se movía por toda la geografía?
Sí. San Ramón tenía facilitadores que aportaban padres que querían adoptar y madres biológicas que se encontraban en una situación de desamparo social a las que se les trataba de convencer para que diesen a su hijo en adopción. Evidentemente había una red en toda España y fuera de ella, ya que hemos encontrado casos en Centroamérica, Inglaterra y Estados Unidos. Muchos niños han ido a parar allí porque sus padres emigran, pero también hay gente que por sus rasgos físicos es obvio que tienen su origen en otro lugar.
- ¿Cómo se tramitaban las adopciones?
Los intermediarios funcionaban sobre todo gracias al boca-boca. A veces se acababan mandando a personas que tenían un embarazo repentino o inesperado a la AEPA (Asociación Española para la Protección de la Adopción), al Doctor Vela o a Sor María y a través de ellos entraban en la red. Así lo hacían tanto con las madres biológicas como con las adoptivas. Todo se gestionaba a partir de ellos. Había padres a los que se les decía que si querían adoptar, tenían que buscar una mamá gestante para proponerle la posibilidad de que diese a su hijo en adopción. Era una red de contactos.

Dr. Eduardo Vela
- ¿La Clínica llevaba a cabo alguna actividad legal?
Llevaba a cabo una actividad médica pero la mayor fuente de ingresos eran las adopciones tal y como estamos descubriendo. Era una clínica muy pequeña de ocho habitaciones en las que había un número muy elevado de adopciones.
Me hablaba de un proceso legal, ¿Eso puede suponer la implicación de jueces y trabajadores públicos que encubrieron los hechos?
Funcionarios, jueces, notarios… Eso depende del proceso. Había gente que hacía una apropiación de un hijo, no porque ellos lo pidieran, sino porque el Doctor Vela normalmente les insinuaba que legalmente se podía hacer así. Directamente les decía que se pusieran un cojín en la barriga para entrar en la clínica y eso lo explicaba como una tramitación al uso, como algo que legalmente estaba bien. También había otra opción en la que los padres que habían entrado a través de Sor María o de la AEPA hacían un proceso de adopción. Pasados seis meses, a veces menos, pero legalmente seis, se procedía a tramitar ante un juzgado de primera instancia la adopción plena del bebé. No existe una acogida, ni una adopción simple sino que nuestro paradero hasta después de comenzar el proceso de adopción plena era desconocido. Por lo tanto no se sabe dónde están esos niños y no queda constancia documental ni legal de la entrega de ese bebé.
- ¿Había documentos en la Clínica que fueron eliminados?
Hay documentos que han desaparecido, digámoslo así. Documentos que no están a nuestro alcance y que no sabemos qué ha pasado con ellos desde el cierre del hospital.
-Las madres a las que engañaban diciéndoles que su hijo había muerto ¿Qué se les decía? ¿No hacían preguntas?
Era otra época, había gente que no preguntaba mucho y otros que insistían más y pedían ver al niño. En aquella época lo que decía el doctor y la Iglesia iba a misa. En determinados casos les daban una cajita para enterrarlo en el cementerio de La Almudena y acompañaban al féretro. Simplemente veían que lo enterraban y ya está.
-Se habla también de la existencia de un bebé muerto que se encontró en una nevera y que enseñaban a algunas madres.
Sí. Según dice una enfermera que trabajaba allí, en la clínica había un niño metido en un congelador que periódicamente enseñaban, siempre en casos excepcionales, a mujeres a las que les habían dicho que su bebé había muerto y que querían ver el cadáver. Es verdad que el Doctor Vela evitaba tener que mostrarlo. Él elegía quién podía ser madre y quién no, en base a su creencia ética y moral.

Monjas cuidando de niños durante el franquismo
- ¿Cómo es posible, que existiendo pruebas de lo ocurrido, el Doctor Vela sigua ejerciendo y no haya nadie condenado?
Porque esto no es una cosa de un médico y una monja. Hay un trasfondo mucho más importante que se ha tapado toda la vida. En el momento en el que alguien lo ha querido sacar, se han esforzado por ocultarlo de nuevo como pasó con María Antonia Iglesias. De hecho, en ese momento había delitos que se habían cometido que no habían prescrito y que no se investigaron. Hubo muchas irregularidades; no incautaron archivos de San Ramón cuando se hizo la redada, no se les tomó declaración a los padres adoptivos… Es una investigación de andar por casa, chapucera y que por intereses se ha ido tapando. Nosotros hemos querido volver a sacar todo a la luz porque pensamos que no se puede quedar así.
-Usted ha tenido la oportunidad de conocer al Dr. Vela, ¿Qué le pasó por el cuerpo cuando habló con él?
Nada. Por alguna razón extraña me resultó alguien familiar. No parece una persona malvada ni maquiavélica. Da señal de ser un hombre afable y simpático. La monja Sor María es otra historia.
Sobre todo sientes impotencia porque sabes que te están contando un cuento que tienen estudiado. Siempre te dicen lo mismo. Es como hablar con una pared, inútil.
-A día de hoy ellos justifican lo que hicieron.
Ellos dicen que hacían el bien de los niños y que mejor dejemos de buscar porque todo desapareció y es imposible conseguir algo. Eso es una contradicción porque se supone que el que no ha hecho nada extraño no tiene porque destruir ni quemar archivos.
- ¿Tenéis miedo a que se vuelva a tapar y olvidar lo ocurrido?
No. Yo no tengo ningún miedo de que se vuelva a olvidar. Nosotros estamos aquí para llegar al mayor número de personas posible. En el tiempo que llevamos hemos conseguido que gente que trabajaba en San Ramón hable y cada vez nos van ayudando más. Gracias a esos testimonios tenemos una idea bastante clara de lo ocurrido. A más tiempo, mejor, no vamos a dejarlo. Los culpables se morirán y nosotros seguiremos dando guerra.
- ¿Cuáles son las preguntas que más se repiten los afectados?
La pregunta de los hijos es, ¿Cómo empiezo?, ¿Dónde puedo encontrar una partida literal? Sobre todo temas burocráticos. Después cada uno expone la tramitación que siguieron sus padres adoptivos. Nuestros padres son afectados y así los reconocemos porque a ellos también los engañaron. No tenían ni idea de lo que allí se cocía.
- ¿Estáis recibiendo ayuda por parte de las instituciones?
Ninguna. De hecho nos ha costado muchísimo que entiendan cómo se tramitan las cosas y a qué nos estamos refiriendo. Aún así no te ayudan porque ellos también se ven perjudicados. El Estado Español se ve perjudicado del tráfico de niños en un hospital público como es Santa Cristina y que depende de él. No les interesa. En general, hay mucho ocultismo en torno a este tema. Menos mal que ahora está saliendo gente que nos va ayudando por arrepentimiento o por cargo de conciencia, nos da igual. Nosotros los hemos tratado bien y estamos eternamente agradecidos.
- ¿Cómo te enteraste de tu caso?
A mí me dijeron de pequeña que era adoptada. Sufrí un proceso normal de maduración, negación en mi caso, que luego retomé en una edad más adulta. Empecé a investigar como hace todo el mundo. Puse Clínica San Ramón en Google y fue entonces cuando me enteré de todo lo ocurrido. Pregunté a mis padres y no tenían ni idea.
- ¿Has podido conocer algo sobre tu madre biológica?
Sí. En algunos casos daban información, aunque muchas veces era un patrón en el que hemos visto que los datos se repiten en exceso. Yo tengo información diferente pero tampoco sé si es cierta o no. En algunos encuentros hemos visto que en un tanto por ciento la información facilitada era verídica pero no es suficiente como para empezar una búsqueda.
Yo animaría a las madres que dieron a sus hijos en adopción en San Ramón a que se pongan en contacto con la plataforma porque seguramente sus hijos ya estén registrados. Nosotros no queremos entrar en la vida de nadie. No buscamos una madre ni un hermano, simplemente queremos tomar un café y conocer nuestros orígenes. Para que todo sea más fácil hemos incorporado la figura de un mediador experto que prepara los encuentros y que en todo momento ayuda a ambas partes. Recuerdo que una mamá me decía que lo que ella quería saber era si el sacrificio que había hecho en su día había valido la pena.
- ¿Qué se siente cuando se descubre que formas parte de una red como esta?
Angustia, tristeza, duda, desconfianza, falta de identidad, ganas de saber cuál es mi pasado, enterarme de si estaba predestinada a que me diesen en adopción o si por el contrario no querían hacerlo… Quiero saber si tomó la decisión ella o si se la hicieron tomar.
- ¿Cómo te imaginas ese reencuentro?
Emocionante. Creo que voy a encontrar la paz y simplemente no voy más allá de tomar un café. No descarto que luego, si nos llevamos bien, podamos tener una buena relación o llamarnos de vez en cuando.
María tiene la esperanza de encontrar entre los universitarios al hermano de alguno de los afectados. Quién sabe si el suyo. Quieren llegar a todo el mundo. En tan sólo dos años han conseguido realizar cinco encuentros. Pide que no se juegue con los sentimientos de personas que sufren y luchan diariamente por conocer su identidad. Asegura que la alarma social que se ha creado a causa de la forma en que muchos medios de comunicación han tratado el tema les ha perjudicado mucho. Ella prefiere ocultar su identidad. ¡Ahora todo el mundo que ha perdido un hijo piensa que se lo han podido robar. Hay muchos casos en los que el bebé ha muerto de verdad y otros que pueden ser más sospechosos¡.
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