|

La firma, Carlos Vanaclocha: “Tim Tebow, el quarterback que jugaba con Dios”

Carlos Vanaclocha.- (@Vanaclocha).

Periodista deportivo y co-productor de ‘El partido de las 12′ (COPE)

“Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”. El evangelio de Juan podría corresponder a cualquier homilía de domingo, toda vez que este versículo es uno de los más conocidos de la Biblia. Pero su popularidad no la puso en órbita ningún párroco, sino un jugador de fútbol americano. Fue el 08 de enero de 2009, durante la final universitaria entre los Gators de Florida y los Oklahoma Sooners. Huelga decir que esa final es una de las citas imprescindibles en la cultura yanqui y cualquier detalle extraordinario, lejos de quedar en anécdota, queda inmortalizado en las televisiones nacionales. Aquel partido lanzó al estrellato a Tim Tebow, el quarterback de Florida que guió a su equipo al éxito en la tierra, así como Dios lo hizo desde el cielo. Porque la imagen de  un mariscal de campo que se había pintado el versículo 16 del capítulo 3 del evangelio de Juan impactó al pueblo americano. Su fervoroso cristianismo sorprendió a los telespectadores; no en vano, la madrugada siguiente a la final, Google registró más de 92 millones de visitas a Juan 3:16. Poco importó la victoria final de los Gators, la gente quiso curiosear en internet qué demonios (con perdón) había motivado a Tebow. Tal fue el impacto mediático del mensaje y tan poco se habló del título en sí, que la Asociación Nacional de Fútbol Universitario decretó la Tebow Rule, norma por la cual a los jugadores se les prohibía estrictamente exhibir mensajes en las franjas negras que se pintan debajo de los ojos para evitar el reflejo del sol. Obviamente, había nacido uno de esos íconos que tanto apasiona a Estados Unidos y, por tanto, había que descubrir su pasado creado por la gracia de Dios, nunca mejor dicho.
Richard Timoteo Tebow nunca debió nacer, al menos por recomendación médica.Pam, la madre, fue advertida durante el embarazo en Manila (Filipinas) que si no abortaba corría el riesgo de que su quinto hijo viniera al mundo con deformaciones. Ella había contraído la disentería, enfermedad causada por la ingesta de comida o líquidos contaminados y el único tratamiento eran antibióticos demasiado fuertes para tomarlos en estado. Pero la fe cristiana de Pam y su marido, Bob, prevaleció sobre las dos o tres situaciones críticas que sufrió la mujer, que ignoró cualquier opinión médica justificando que estaba en camino de engendrar una vida humana. ”Señor, si nos quieres dar un hijo, le llamaremos Timoteo y será un predicador”, es lo que rezaron los padres, misioneros bautistas en Oriente, hasta el dichoso 14 de agosto de 1987. Dios había escuchado a Pam y ésta cumplió su palabra: el niño nació sin problemas y pasó su infancia colaborando en tareas de apostolado de la familia, ni siquiera fue a la escuela. Tampoco estudió bachillerato y por ello su familia tuvo que solicitar un permiso especial para un instituto de secundaria en Florida. Era un paso imprescindible para recalar en la universidad. Así es como Tebow acabó en la de Florida, donde comenzó a granjearse una leyenda sorprendentemente precoz.
Tan fulgurante fue el éxito de Tebow, que en su segundo año acumuló yardas a través de pases explosivos al tiempo que sacaba buenas notas en clase. La liga universitaria se había fijado en ese quarterback tan insultantemente joven que fue el primero en la historia en firmar 20 pases de touchdown y otros tantos de carrera, que le valieron el premio Heisman al mejor futbolista universitario. En todo la nación, en cualquier deporte, no había un chico al que se le intuyese un porvenir tan glorioso como el de ese tal Tebow que soñaba con calibrar pases inverosímiles en el campo y predicar la palabra de Dios entre jóvenes obsesionados con chicas y juergas. El reconocimiento prematuro se consolidó en la temporada triunfal del 2009: los Gators campeones se marcaron un curso liguero impresionante, tanto es así que sólo perdieron un partido, contra Mississippi, al término del cual, el jugador se dirigió a los periodistas para pedir perdón porque no se había esforzado lo suficiente. El público se quedó perplejo, ¿a quién le importaba una derrota entre tanta borrachera de victorias? La estrella de Florida no vaciló cuando habló muy arrepentido…”Ningún deportista ni atleta trabajará más duro que yo hasta final de temporada”.
Sin embargo, ni muchísimo menos se trata de uno de los mejores quarterbacks del país. La técnica no era su fuerte, su talento no asomaba ni de lejos al de Peyton Manning o el quarterback de moda, Tom Brady,  y muchos ojeadores profesionales dudaban si sus condiciones de juego gustarían a las franquicias. Fue Denver quien le dio la oportunidad desde el número 25 el draft del 2010: le probaría de suplente y si espabilaba, quizá acabaría siendo un Bronco más. Sus porcentajes como profesional no mejoraron: peor pasador titular de la NFL, trigésimo primero en yardas totales y puesto veintisiete en pases de touchdown. Sólo el pésimo rendimiento de su colega Kyle Orton hizo meditar al entrenador John Fox para poner a Tebow de inicio, pero con unos números tan bajos y Denver en las peores posiciones del campeonato, ¿qué podría aportar el mensajero de Dios en el campo? Pues, curiosamente, una creencia ciega en los milagros.

 

Los Broncos de esta temporada consiguieron una remontada espectacular cuando nadie apostaba por ellos: seis victorias consecutivas gracias a la fe indestructible de Tebow en los últimos minutos de cada partido metieron a Denver en la lucha por la actual Superbowl. Los aficionados de Denver ya creen que las plegarias de Tim Tebow han tenido recompensa; de lo contrario, ningún analista entiende cómo un quarterback que comete pifias escandalosas es capaz de superarse a sí mismo y sacarse de la chistera un puñado de jugadas decisivas en los momentos más calientes. Pero, al igual que sucediera en Florida, los highlights o mejores instantes no eran los pases de Tebow sino su exclusiva celebración, el ‘Tebowing’. Cada vez que el futbolista escucha el himno nacional previo a un partido o transforma un touchdown, hinca la rodilla derecha en el suelo, pega el mentón al pecho y reza una oración. El gesto se ha convertido en un fenómeno mundial hasta el punto que otros deportistas de élite, como la esquiadora Lindsey Vonn, lo han recreado, y existe una página web en la que cientos de miles de aficionados mandan vídeos y fotos imitando la celebración desde cualquier parte del mundo. Da igual si la gente es devota o no, el ‘Tebowing’ se ha convertido en una moda que no parece pasajera. Hasta hace dos semanas se encontraba en su punto más álgido: un pase de película a un compañero valió a Denver para derrotar al vigente subcampeón, Pittsburgh, a los once segundos del tiempo extra.  “Cuando lo vi anotar, sólo pensé: gracias, Señor”, espetó Tebow después del milagro. El furor de esa jugada puso patas arriba al país y a las redes sociales: el nombre de Tebow llegó a retwitearse 9.420 veces por segundo (récord en twitter) y al día siguiente, la NBC, ESPN, incluso la CNN, abrieron con Tim Tebow con la rodilla hincada en el césped después del pase de 80 yardas. Lástima que el domingo pasado, Denver no pudiera seguir soñando: los Patriots de Nueva Inglaterra comandados por Tom Brady fueron un obstáculo imposible, hasta para Dios.

Pero la susceptibilidad de la cultura norteamericana también ha puesto en el disparadero a Tebow. En la Superbowl del 2010, la estrella de los Broncos protagonizó con su madre un anuncio de televisión pro vida, emitido por la CBS, y creado por la institución Enfoque a la familia. Uno de los morbos de la Superbowl es ver los anuncios publicitarios inéditos hasta esa noche y, evidentemente, pasó menos de una hora para que algunas organizaciones a favor del aborto emitieran comunicados tachando de insulto la campaña de Tebow. Él se limitó a decir que “al menos, respeten lo que defiendo y creo. Siempre he estado convencido de ello, es la razón por la que estoy aquí, en este mundo”. Pam Tebow se enorgullece de su chico y también de ella misma: no mintió a Dios cuando suplicó que le diera un hijo que predicaría su palabra. Es lo que hace Tim todos los días del año, a todas horas, con o sin cámaras. Y esté o no en el disparadero de la opinión pública, Tebow es en estos días el deportista más famoso de Estados Unidos, por delante de Kobe Bryant o el propio Tom Brady.

 

MÁS ARTÍCULOS DE CARLOS VANACLOCHA, EN SU BLOG: ‘Parada y gol’

URL simplificada: http://www.puntoencuentrocomplutense.es/?p=20302

Publicado por en enero 26 2012. Archivado bajo Análisis y Opinión, Deportes, General, La Firma, Opinión. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

1 comentario por “La firma, Carlos Vanaclocha: “Tim Tebow, el quarterback que jugaba con Dios””

  1. Muy buena historia Vanaclocha, se agradecen nuevos mitos y en otros deportes distintos a los de siempre.

Publicar una respuesta


− tres = 1

Comentarios recientes

  • Ana Maria Rojas: Hola Javier A mi me pasa lo mismo, en mi país Colombia-Suramerica, lo único que vemos en TV es la...
  • Carlota LR: Yo estuve en una de esas clases y me parece de los mejores métodos para aprender. Lo que veo en los...
  • alejandro: 80 euros le cuesta a una familia de “clase media” por lo bajo… Muy por lo bajo amigo...
  • jose: estela reynolds fue en enero de los años 2008 y 2012 y sergio arias fue en mayo de los años 2004 y 2012: están...
  • Waqanki: Buen artículo. En cuanto a los posibles diagnósticos que manejas: la esquizofrenia es una psicosis. Algunos...