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Las comparaciones que llevan por el camino de la amargura

Héctor Chamizo (@hectorchamizo) – Opinión

 Obsesión sin nombre. No hay manera de catalogar la forma en la que se etiquetan ciertas situaciones. Como una balsa que marcha río abajo sin control se torna en una aventura complicada los juicios de valor sobre ciertas figuras del entorno mediático. Se ponen miras a diferentes momentos históricos tal como si imginásemos el medievo en pleno Siglo XXI. El sinsentido llevado a análisis. Una razón ilógica que podría tener su comprensión si se pretende llevar al presente lo que tanto deslumbró en el pasado. Sin embargo, cada obra maestra tiene su época, su cénit. Al igual que Cervantes fue uno de los principales dominadores de las letras, luego aparecieron otros genios como Galdós. La tendencia comparativa siempre está presente en la mente humana, incluso en la del que escribe estas palabras. No es un secreto que se busquen sustitutos de las grandes referencias deportivas. Que si el nuevo Armstrong, el nuevo Björn Borg o el nuevo Maradona. A nadie le suena a sirena de transatlántico este tipo de cuestiones. Merodean como en los debates más dulces y abiertos.

Una marabunta de datos inundan el paraje baloncestístico americano tras la llegada, casi con honores de Jefe de Estado, de Ricky Rubio. Asistencias por aquí, robos por allá. El base español ha calado de lleno más allá del Atlántico. Es un producto que se ha vendido bien, pero que también está teniendo la demanda de un primer día de rebajas post-navideñas. Tanto es así que rápido se le establecieron paralelismos con ídolos tan consumados como Steve Nash y Pete Maravich. Unos jugadores cuyos currículums podrían dejar en evidencia a un enorme porcentaje de estrellas que han hecho carrera en Estados Unidos. ¿Por qué esta comparación? Al margen del parecido físico del de El Masnou con ‘Pistol’, también existen indicios de similitudes en el juego de uno y otro. Luego se miran los porcentajes en tiros de campo y se puede pensar totalmente lo contrario. Sin embargo, resulta contradictorio pararse a observar si Ricky podría llegar al nivel de sendos artistas.

Qué ganas tenemos de complicarnos la vida. Es así. Si se miran números, se puede ver que el ’9′ de los Wolves ha obtenido un logro que ni Maravich ni Nash lograron en su día: codearse con los mejores en la estadística de asistencias por partido y estar entre los primeros ladrones de la liga a estas alturas en su primera temporada. ¿Por esto Rubio será mejor que ellos? No. ¿Y ellos mejor que él? Tampoco. No sabemos lo que puede pasar. ¿Entonces por qué complicarse la vida? Es consecuencia de lo expuesto en el primer párrafo: ganas de hacer un rescate de emergencia con helicóptero de por medio del buen sabor de boca que dejaron, o siguen dejando en el caso del canadiense, los más grandes. Ganas no faltan a nadie, pero tengamos relativa prudencia para no caer después en el camino de la frustración.

Un camino calcado

De igual modo, a Michael Jordan, el más grande de todos los tiempos, le han salido hijos alrededor en cuanto a la equiparación a nivel baloncestístico se refiere. Kobe Bryant y LeBron James son los últimos que han tenido el privilegio de llegar a ese escalafón por parte de analistas. Otros como Iverson terminaron formando parte del baúl de los recuerdos (no entiendiéndose este, de ninguna de las maneras, como hecho negativo). De la Mamba Negra no se esperaba prácticamente nada en sus comienzos. Se le veía como un chico malcriado y arrogante que pretendía tocar el cielo sin apenas tener alas. Ironías de la vida. De King James, por su parte, todo lo contrario. Buena prensa a su favor y gran márketing corporativo de su propia figura. Todo supuso que rápidamente se le colocase como el nuevo Jordan, más allá de que su manera de ver el juego poco o nada tuviera que ver con la del eterno 23.

Pero no, evidentemente, ninguno es Mike.  El talento desbordante por parte de ambos no les lleva a ser como aquel escolta referente de los Bulls. Cada uno suma un condimento diferente a la ensalada que conforma la historia de la liga. Los genios aparecen cuando menos se les espera, pero cada uno de ellos tiene diferente nombre. Solo queda decir que sigan tiñendo de oro el baloncesto durante años, décadas y siglos.

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Publicado por en enero 27 2012. Archivado bajo Análisis y Opinión, Con nombre propio, Deportes, General, Héctor Chamizo. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

1 comentario por “Las comparaciones que llevan por el camino de la amargura”

  1. Gran articulo. Creo que es inevitable lo de las comparaciones… No valoremos a ricky aun

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