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Escapada fin de semana: Los Castillos de Castilla y León

Alberto Cañas – Información

Todos hemos oído hablar de los castillos del Loira, en el corazón de la vecina Francia. Sin embargo, tenemos una opción más barata y que no les tiene nada que envidiar. Son los castillos de Castilla, que para algo toma de ahí su nombre. Fosos, baluartes, puentes levadizos, torres del homenaje, mazmorras, rampas, pasadizos. Cuántas veces hemos visto esos elementos en películas. Es una oportunidad para conocerlos y pasearse entre los gruesos muros imaginando intrigas y batallas.

Se trata de una ruta perfecta para realizarse tranquilamente, a lo largo de un fin de semana y a poca distancia de Madrid. Una inmersión en la historia medieval a través de un itinerario que va saltando a un lado y a otro de la frontera que separa las provincias de Ávila, Segovia y Valladolid, en el corazón de Castilla y León, la Comunidad Autónoma más grande del país.

El recorrido empieza en Peñafiel, en plena Ribera del Duero. Desde Madrid se llega por la A-1, y tomando después la N-122. El pueblo cuenta con un castillo que parece ser un barco varado en lo alto de una loma, vigilando el pueblo al que pertenece y el paisaje infinito que se extiende a su alrededor. Su Torre del Homenaje parece ser el puente de mando a media distancia entre proa y popa. En su interior se encuentra el Museo Provincial del Vino de Valladolid.

Siguiendo unos 30 kilómetros hacia el suroeste, por la carretera VA-223 (luego SG-223) se llega a Cuéllar, ya en la provincia de Segovia. Su castillo está situado en el centro de esta villa de casi 10.000 habitantes y también se conoce como el Castillo de los Duques de Alburquerque”. En él estuvo confinado el escritor español José de Espronceda. Su enorme torre circular sirve de punto de referencia para el conjunto. Durante algunos meses al año se ofrecen visitas teatralizadas a su interior.

Más humilde, pero no menos importante que el anterior, es el castillo de Íscar. De nuevo en la provincia de Valladolid, a 21 kilómetros siguiendo la CL-112. Desde cuyo castillo, también situado en una colina, se obtiene asimismo una nueva perspectiva de la Tierra de Pinares, tanto en su vertiente segoviana como vallisoletana.

Hacia el sur, merece la pena coger una bonita carretera entre pinares para llegar a Coca, de vuelta a la provincia de Segovia. La antigua Cauca romana cuenta en su interior con un castillo de ladrillo, de estilo mudéjar con torres poligonales con un impresionante foso defensivo. Al contrario que el resto de castillos de esta ruta, no se sitúa en un cerro, sino en el llano. Durante las fiestas patronales del pueblo (segunda quincena de agosto) sirve como telón de fondo de un festival de fuegos artificiales.

Conduciendo hacia el noroeste, a medio camino hacia Medina del Campo volvemos a entrar en Valladolid encontramos Olmedo, villa del famoso caballero. A pesar de que no cuenta con un castillo, podemos aprovechar nuestro paso por ella para detenernos a contemplar diversos monumentos y visitar el parque temático del mudéjar, con decenas de reproducciones de diversas construcciones realizadas siguiendo ese estilo arquitectónico.

Desde Olmedo, como ya hemos anunciado, seguimos por la CL-602 unos 15 kilómetros más, hasta Medina de Campo, ciudad de las ferias comerciales de lana del Renacimiento. Su castillo, llamado de La Mota, se sitúa en las afueras de la ciudad, en lo alto de una colina (o mota, de la que toma su denominación). Es el más grande de todos los que componen esta ruta y su torre es la más alta de todas. Cumplió funciones defensivas fundamentales para Castilla. Permite contemplar los campanarios de las iglesias de la villa, donde también puede visitarse la casa en la que falleció la reina Isabel la Católica.

Girando hacia el sur, y siguiendo la autopista A-6 durante 35 kilómetros, se encuentra Arévalo, ahora en la provincia de Ávila. Su castillo tiene un pequeño museo de cereal en su interior. En él iban a morir las antiguas murallas de la ciudad y cuenta con una imponente torre del homenaje. Se puede disfrutar de unas vistas espléndidas del llano castellano y de la propia villa de Arévalo.

No todo va a ser turismo medieval. La zona que recorre esta ruta tiene paisajes espectaculares (atención a los atardeceres) y ese clima único castellano. No hay que olvidar los vinos de las denominaciones de origen Rueda y Ribera del Duero, el lechazo, el cochinillo asado, los quesos de oveja, dulces de Coca…

En fin, a poca distancia de la gran ciudad hay un cúmulo de fortalezas medievales que permiten encontrarse con la historia de Castilla, ya que entre esos muros ha habido presos encerrados, acuerdos entre príncipes, batallas, etcétera. Son joyas de ladrillo y piedra que merecen ser descubiertas.

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Publicado por en febrero 11 2012. Archivado bajo General, Más cultura, Para disfrutar/ Ocio, Viajes. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

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