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Recordando a… Oscar Robertson

Alejandro Díaz (@paupelu) – Reportaje

Alejado de los grandes focos históricos, la figura de “Big O” se difumina por la lejanía de sus hazañas, esa que siempre apostilla detrás que cada récord o cada hito la famosa coletilla de “eran otros tiempos”. Como si el mérito no recayese en lo conseguido y sí en la forma, Robertson aglutina el reconocimiento por una carrera meritoria pero acarrea la comparación eterna con otras grandes estrellas de la NBA post-80. Sin embargo, Robertson, criado en la Indianapolis del racismo y la segregación en una familia que redefinía el concepto de pobreza, se adelanto tanto a su tiempo que no sería hasta la irrupción de Magic Johnson cuando no se viera a un jugador digno de portar el estandarte de ser el mejor base de la historia.

Oscar se enroló en una de las pocas universidades que permitían el acceso de jugadores de raza negra allá por finales de los 50, Cincinnati. Ni siquiera haber sido designado el mejor jugador de baloncesto del Estado de Indiana, el santuario del baloncesto a nivel de instituto y colegial en Estados Unidos, donde el profesionalismo apenas había hecho acto de presencia aún, le había podido abrir las puertas de los grandes programas nacionales como Kentucky o North Carolina. En esta Universidad del estado de Ohio, Robertson viviría la suerte de hacer de un programa menor todo un referente a nivel nacional, aunque una de sus grandes lacras como baloncestista, el éxito colectivo, no le llegara.

La NCAA de finales de los 50 vivía una nueva edad de oro y requería de grandes duelos, tanto a nivel de equipos como de nombres. Y poder juntar en dos universidades de la misma ciudad, Cincinnati y Ohio State, a tres de los mejores jugadores del país era un plato demasiado gustoso. Por el lado de los Bearcats teníamos a Oscar, base de casi dos metros de pura fibra de ébano, velocidad y potencia; por el lado de los Buckeyes, Havlicek y Jerry Lucas, raza blanca y heterodoxia, un alero y un pívot que alternaban el juego exterior e interior en una de las mejores parejas de jugadores en la historia de la NCAA. Oscar dominaba estadísticamente la NCAA, con medias en su carrera superiores a los 33 puntos, 15 rebotes y 7 asistencias de media en sus tres años en el college. A nivel colectivo, dos temporadas consecutivas quedándose a las puertas de la Final Nacional, sin poder conseguir un título. La cruz que le perseguiría durante buena parte de su carrera. En su último año en la NCAA, caían en semifinales nacionales ante la California que entrenaba Pete Newell y que a la postre sería subcampeona ante la Ohio State de Havlicek y Lucas. Varios nombres que un verano de 1960 deslumbraban al Mundo en la cálida Roma.

El mejor equipo visto hasta entonces

Porque la selección estadounidense que se presentó en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960 podría ser considerado como el primer “Dream Team” de la historia del baloncesto. Pete Newell había sido designado como entrenador y, tras las limitaciones existentes por una lucha de competencias en el baloncesto amateur y universitario, se vio obligado a dejar fuera a algunos de los mejores jugadores del país. Tal era el caso de Havlicek y Lenny Wilkens, pero no de Oscar Robertson, que junto a Lucas, Jerry West, Walt Bellamy o Bob Boozer, entre otros, se plantaban en la ciudad eterna a dejar la impronta de la mayor exhibición que un equipo haya dado hasta aquel verano de 1984 en Los Angeles. Victorias por un margen de más de 40 puntos que mostraban el por entonces abismo entre el baloncesto americano y el del resto del planeta. Oscar y Jerry Lucas lideraron el ataque del equipo estadounidense con 17 puntos de media ambos y se llevaron el oro a casa. Tocaba dar el salto al profesionalismo.

La NBA, a pesar de ya contar con varios años desde su nacimiento, seguía siendo una liga en desarrollo que requería de impulsos que no acabaran con su vida antes de tiempo. Es por esto que durante varios años, hasta los 60, se desarrollara una elección de jugadores universitarios que priorizaba la selección de estrellas universitarias locales. El llamado “Draft Territorial” suponía una inyección de calidad y una ayuda extra a la taquilla, pues una franquicia tenía opción preferencial sobre un jugador formado baloncestísticamente a menos de 50 millas de la sede del equipo. De ahí que en la ceremonia de 1960 los Cincinnati Royals (hoy día, los Sacramento Kings) ejercieran su derecho preferencial sobre Oscar Robertson y le hicieran número 1 del Draft.

Haciendo historia

Desde su llegada a la NBA ya preparaba al aficionado para asistir a algo que no se había visto hasta ahora. Su control de todo lo que sucedía sobre la pista era absoluto. Con un físico que por entonces sólo era equiparable al de Elgin Baylor, Robertson dominaba ambos lados de la cancha. Además de un defensor brutal que podía hacerlo sobre bases o aleros altos, en ataque ejercía un continuo martilleo sobre las defensas, que atendían incrédulos ante lo que pasaba por delante de sus ojos cada noche. Nunca un jugador exterior había ejercido tal dominio en una cancha de baloncesto. La NBA estaba acostumbrada ya entonces a lecciones por parte de jugadores que rondaban las cercanías del aro, como Bob Pettit, Wilt Chamberlain o Elgin Baylor, pero nunca un jugador exterior había sometido de esa manera a un rival. Porque el don que mejor definía a Robertson era el de la omnipresencia. Lideró a su equipo en puntos (30,5) y asistencias (9,7, también líder de la liga) y era segundo en rebotes (10,1), lo que le colocaba a un paso de promediar un histórico triple-doble (más de 10 en al menos tres apartados estadísticos distintos), un hito hasta entonces no logrado.

Y decimos hasta entonces porque fue en su segunda temporada cuando Oscar Robertson establecía un récord que hasta entonces no ha sido igualado y no hay visos de que pueda producirse. Sus 30,8 puntos, 12,5 rebotes y 11,4 asistencias suponen el único triple-doble promediado en una temporada en la historia, marca que a punto estuvo de igualar él mismo las tres temporadas siguientes. Además, durante sus años en los Royals, donde coincidió con su anterior rival y amigo Jerry Lucas, lideró la NBA en asistencias 7 temporadas y en puntos otra. Pero el equipo no pasaba de ser un aspirante a hacerle sombra a los grandes equipos de esa década en la división Este, los Celtics y los Sixers, los muros contra los que los Royals acababan siempre chocando. En 1970, tras una temporada desastrosa lastrada por las lesiones de Jerry Lucas, que le hacen jugar muy mermado, y la bochornosa vuelta a las pistas del entonces entrenador Bob Cousy durante algunos partidos (con 41 años y buscando algunos asientos extra en la pista que menos aficionados atraía), Oscar Robertson es traspasado a una de las franquicias más jóvenes de la NBA (apenas dos años de existencia) pero que contaban con un bisoño pívot neoyorquino de nombre Lew Alcindor: Milwaukee.

Por fin, la recompensa

En su primer año en los Bucks, Robertson conoce a la perfección que sus posibilidades de éxito pasan por entregar el mando absoluto al mejor jugador de baloncesto de entonces, Alcindor. Mermado físicamente por la edad, Oscar baja su aportación en puntos y rebotes, pero continúa dirigiendo y liderando un proyecto que acaba por honrar la carrera de Robertson en las Finales del 71. Tras vencer a los Bullets, los Bucks consiguen el que hasta ahora ha sido el único título de la franquicia. Por fin “Big O” tenía el título que su inmensa carrera había merecido.

Tras aquel título, los Bucks, ya con Alcindor renombrado como Kareem Abdul-Jabbar, conseguirían estando en la élite de la NBA. En 1974 volvieron a unas finales NBA frente a los Celtics, pero la edad del base, que ya estaba en los 35 años, le aleja de su mejor nivel y de poder ayudar a Kareem a hacerle frente a aquellos Celtics donde estaba John Havlicek. Tras aquella final perdida en siete encuentros, Oscar Robertson abandonaba las pistas de baloncesto.

Con un oro olímpico y un anillo de la NBA en su mano, Oscar Robertson decía adiós al baloncesto profesional. Lo haría como jugador, pues ejercería de comentarista y colaborador televisivo ya en la temporada siguiente para la CBS. En la cancha lo había logrado todo. Tanto los Royals (14) como los Bucks (1) retirarían su dorsal y sus números le colocaban como líder histórico de la NBA en asistencias y el segundo jugador que más minutos había disputado y más puntos había anotado hasta 1974. Y dejaba una marca inalcanzable para nadie que viniera después, el de aquella temporada 61-62 y del mayor número de triples-dobles en su carrera (181), mostrando que fue un avanzado a su tiempo. No estaba mal para ese chico que eligió el baloncesto por ser un deporte de pobres.


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Publicado por en febrero 10 2012. Archivado bajo Deportes, General. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

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