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Marc Chagall en el Museo Thyssen

Raquel Moraleja – Información

El Museo Thyssen acoge desde este mes una exposición dedicada a uno de los autores modernos más mimados por el público y más rechazado por la crítica de su momento:  Marc Chagall. Natural de Bielorrusia y judío, se trasladó a la ciudad de San Petersburgo para empezar sus estudios en arte. Fue en 1911 cuando se trasladó a París y entró por primera vez en contacto con obras de autores ya consagrados como Van Gogh, Matisse o Picasso, del que aprendería algunas de las técnicas del cubismo. Era, además, el París previo a la Primera Guerra Mundial, aún no esa ciudad de bohemia en la que vivirían Hemingway, Buñuel o Dalí en el periodo de entreguerras, pero sí un hervidero de críticos, artistas y burgueses que iban creando los pilares del nuevo Arte Moderno.

Dentro de estos nuevos cánones –propuestos por los teóricos del Arte, que nunca por los artistas- la pintura figurativa no tenía cabida, y en su lugar se promovió la supremacía de un arte abstracto cuyo único significado era el arte en sí mismo, y siempre firmado por grandes nombres que se elevaban por su mera autoría. En este devenir, los dibujos aniñados y coloristas de Chagall, sus sentimientos y experiencias vitales en unos lienzos que la crítica se afanaba en deshumanizar, fueron tachados de horrendos por la opinión oficial. Sin embargo, el gran público, la sociedad de masas que había ido cobrando protagonismo desde los albores de la Revolución Industrial hasta la aparición de los mass-media, ya urbanizada y con mayores tasas de alfabetización, gustaba enormemente de las pinturas de Chagall.

La subjetividad y la presencia humana en el arte que los había encandilado desde la época del Romanticismo hicieron que la gente se sintiese muy unida a las vivencias esbozadas de pintor. De vuela a Rusia, el estallido de la Primera Guerra Mundial le mantuvo atrapado ocho años.

Tras la revolución soviética, simpatizó con el régimen comunista y fue nombrado comisario de Bellas Artes de Vitebsk, su ciudad natal. Sin embargo, sus trazos suaves y de colores alegres no fueron del gusto de los soviéticos y, casi arruinado, tendrá que volver a París con su mujer y su hija en 1923. Se celebra en 1924 su primera retrospectiva y pronto se convierte en un artista de éxito internacional. El triunfo del régimen nazi le hace huir a Nueva York, donde se volverá a casar tras enviudar y permanecerá hasta que el gobierno de Vichy sea destruido.

De vuelta a Europa recibe importantes encargos, como en la Ópera de Paris o la Universidad de Jerusalén, y sus cuadros quedarán relegados a un segundo plano, siendo ésta su etapa menos productiva. Un artista convulso, amado y odiado al mismo tiempo, que vivió casi cien años (1887-1985) y que podrá disfrutarse, en la mayor retrospectiva que se le haya dedicado jamás en España, hasta el 20 de Mayo de 2012, cuando dará relevo al norteamericano Edward Hopper.

 

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Publicado por en marzo 7 2012. Archivado bajo Arte, General, Más cultura, Para disfrutar/ Ocio. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

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