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Entrevista a Eduardo Aldán: “Un artista siempre quiere mostrar al mundo lo que piensa, su mundo interior”


Ana Santos Arribas – Entrevista

Con el ánimo de demostrar la compatibilidad de un teatro con un bar de copas llega Arreglando el mundo, la última obra del polifacético Eduardo Aldán. Acompañado por Dani Rovira, J.J. Vaquero, Deborah Ombres y el gran Quique San Francisco, que aparecerá de una manera muy especial, Aldán ha logrado transformar el Teatro Compac Gran Vía en una barra de bar.

Si queréis disfrutar de este gran espectáculo en el que no faltarán el humor, las cañas y una visión positiva y cómica de la realidad, no dudéis en acudir entre el 25 de abril y el 27 de mayo al Teatro Compac Gran Vía, no os arrepentiréis.

 

 

De pequeño preferías las marionetas al fútbol y con el paso de los años diste el salto de la magia a los monólogos y a la producción teatral ¿Cómo recuerdas aquella infancia, qué inquietudes tenías entonces?

 

He de decir que aún mantengo esa pasión por las marionetas (risas). Sigo coleccionando autómatas, juguetes y muchas cosas de aquella época. Desde niño me ha gustado contar historias, mi intención era que alguien me entendiese. La magia, la comedia o las marionetas han sido un medio para desarrollar cosas que siempre he querido contar. Un artista siempre quiere mostrar al mundo lo que piensa, su mundo interior.

¿Te imaginabas siendo cómico? Cuéntanos ¿qué te hizo decantarte por el mundo de la comedia?

 

No, realmente fue una cosa fortuita, nunca me he considerado una persona con gracia, lo que ocurre es que me di cuenta de que la comedia era otro medio más, y sobre todo muy directo, de llegar a la gente. Ha sido un paso más en mi carrera, un factor a sumar. No he cambiado ninguno de mis gustos del pasado, de hecho creo que la gracia del mundo del espectáculo está en tener un bagaje muy amplio, en ir sumando todo tipo de disciplinas que después podrás añadir a la última, con lo cual esta última se va a enriquecer con todas las anteriores.

Cuando empecé a hacer comedia descubrí que tanto con la sorpresa de la magia, como con la risa de los monólogos, consigues sensaciones muy inmediatas y muy directas del espectador. De este modo dejas una huella en esa persona que preservará siempre, si realmente lo haces bien. Los magos y los cómicos que me hicieron reír de pequeño, e incluso los que me hacen reír actualmente, han ido haciendo mella en mí y se han ido convirtiendo en referentes. Ojala algún día yo pueda ser una referencia para alguien, me encantaría.

A lo largo de tu carrera has demostrado ser polifacético. Primero la magia, después televisión en programas como el Club de la Comedia, Caiga Quien Caiga, incluso llegaste a participar en una telenovela ¿Con cuál de estos escenarios te quedas ahora mismo: televisión, teatro, escribir obras…?

 

Nunca he dicho que no a las cosas que me apetecía hacer para probar y aprender de todas ellas. Ahora mismo me quedaría con el teatro, sin duda. Todos los soportes para poder exhibir, contar o plasmar tus ideas son buenos, incluso me atrevería con el cómic o el cine. Lo único que no haría sería grabar un disco, porque canto fatal, sin embargo disfruto componiendo, por eso procuro incluir todo lo que me gusta en mis espectáculos, ya sea música, imágenes, contar con elementos que me faciliten interactuar con el público. Realmente no me gusta decantarme por nada en concreto, cada formato es útil para según qué cosas.

“La gente que ha vivido y ha sentido en el teatro lo recuerda para toda la vida,

mientras que la gente que ve televisión lo olvida al día siguiente”

¿Qué te aporta cada uno de estos medios?

 

La televisión es el mayor escaparate que existe porque llega a un montón de gente al mismo tiempo, tiene esa gran virtud. Sin embargo también tiene pegas, como el hecho de que todo lo que el telespectador ve a través de la pantalla no lo retiene; de hecho al día siguiente o incluso un momento después, lo olvida. Eso no ocurre en el cine, porque queda grabado en el celuloide, ni en el teatro, en el que todo permanece grabado para siempre en la memoria del espectador. El caso del teatro es muy especial, porque se trata de una experiencia vital, el espectador no lo ha visto a través de una pantalla de televisión, sino que lo ha vivido, lo ha sentido. La gente que ha vivido y ha sentido en el teatro lo recuerda para toda la vida, mientras que la gente que ve televisión lo olvida al día siguiente.

¿Qué le queda por hacer a Eduardo Aldán, con qué podrías sorprendernos?

 

Aún me quedan muchas cosas por hacer y mucho que aprender. El próximo proyecto que tengo en mente es tocar el género del terror. No hay nada más opuesto a la comedia que el terror, aunque una vez que te pones a trabajar en ello te das cuenta de que no es así, que tienen mucho que ver.

En los últimos años hemos visto cómo dos obras tuyas han tenido una gran acogida. Tanto Espinete no existe como Maldito Naranjito están inspiradas en los años ochenta ¿Por qué decidiste centrarte esta época?

 

Elegí esa época porque es lo que yo he vivido, no quiero contar algo que no conozco. Lo honesto es hablar de lo que uno sabe y de lo que uno conoce. Hoy en día recuerdo mi pasado y me hace gracia recordarlo, me emociona, al igual que le pasa al resto de la gente, ya sea de mi generación o no. No es que tenga una fijación con los ochenta, pero sí que es verdad que como fui niño en esa época, tiro de los recuerdos de entonces para poder construir hoy cosas nuevas. Sin embargo, he de admitir que no me esperaba la gran aceptación que han tenido estas obras por parte del público. Creí que solamente le llegaría a la gente que es igual que yo, familia y amigos, pero no, me di cuenta de que era algo muy universal. Descubrí ahí un filón para contar historias y lo utilicé en ambas obras.

Con este nuevo proyecto has ido más allá, llegando a transformar el Teatro Compac de Gran Vía en una barra de bar ¿Cómo se te ocurrió la idea?

 

Fue una propuesta de Mahou. Nos dijo que le apetecía hacer un espectáculo con Aldán Company, les planteamos este proyecto, les gustó y seguimos adelante con ello. Con esto quería mostrar cómo se puede amoldar algo tan típico en nuestro país como es el salir de cañas con un espectáculo dentro de un teatro, y se me ocurrió transformar el propio teatro en un bar de cañas gigante. Arreglando el mundo da un paso más, no nos centramos en ninguna época, sino que nos ceñimos a la actualidad más absoluta, a lo que es un grupo de amigos tratando temas de todo tipo, desde recuerdos hasta cosas que han ocurrido ayer y que se han comentado en la prensa. De hecho el texto puede ir variando cada semana, porque podemos incluir referencias de algo que haya ocurrido recientemente.

“La novedad de este espectáculo es que ya no es un monólogo sino un ‘triólogo’ “

¿Cuál es el objetivo de esta obra?

 

Queremos hacer que la gente se olvide de sus problemas, al menos durante el tiempo que dura la obra. La risa es una terapia muy buena, queremos compartir cañas con un número ingente de personas, ya no solo tres amigos, es algo insólito y muy especial. La gente puede incluso ligar entre ellos, hay un código de tres colores con los que puede interactuar con el resto de asistentes o incluso con los que estamos en el escenario, hemos montado un karaoke también. Lo que pretendemos es que al entrar por la puerta todo se olvide, que todo se frivolice. Cuando te ocurre una desgracia y la compartes con amigos te sientes mejor y le das menos importancia, lo ves con otros ojos; o incluso al escuchar los problemas que comentan los demás te das cuenta de que el tuyo es una tontería comparado con los suyos.

Dada la situación actual, ¿crees que unas cañas ayudarían a que la gente pensara en otra cosa y afrontase los problemas de otra manera?

 

Yo creo que lo vamos a conseguir, por lo menos durante la hora y media que dura el espectáculo. Quizás las cañas no son la solución, pero sí el hecho de estar con amigos hablando, o al menos es una “tirita”.

Hacía mucho tiempo que no te subías a un escenario, ¿lo echabas de menos?

La verdad es que sí. Volví a Madrid después de dos años de hacer Espinete no existe y me apetecía hacer algo diferente que no tuviese nada que ver con lo anterior. De todas formas creo que volveré a Espinete en algún momento (risas).

 

¿Qué te aporta esta obra a nivel personal?

La oportunidad de trabajar en el escenario con gente con la que aún no había tenido ocasión, como Dani Rovira o Vaquero. Me apetecía hacer algo de este tipo porque estoy acostumbrado a hablar solo, siempre haciendo monólogos. De repente juntarme con dos compañeros y poder compartir escenario con ellos me da otro feeling, sobre todo porque estamos compartiendo una cosa que nos gusta hacer. Ese vínculo que tenemos entre los tres se lo queremos trasladar a la gente. La novedad de este espectáculo es que ya no es un monólogo sino un “triólogo”.

 

 

URL simplificada: http://www.puntoencuentrocomplutense.es/?p=25956

Publicado por en mayo 15 2012. Archivado bajo Entrevistas PDE, General, Más cultura, Teatro. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

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