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Haneke y los sudores fríos

Roberto C. Rascón. (@rcrascon)- 31/05/2012

En uno de los Festivales de Cannes más decepcionantes de los últimos años, el Jurado encabezado por Nani Moretti ha decidido no arriesgar, apostando a lo seguro y premiando Amor de Michael Haneke. Veteranos como Cronenberg, Kiarostami, Bertolucci o Resnais no han cumplido las expectativas y jóvenes como Audiard, Mungiu, Hillcoat o Dominik han defraudado. En el término medio se sitúan directores como Loach o Nichols.

En el año 2009, Michael Haneke se alzaba con la Palma de Oro en Cannes con La Cinta Blanca. Tres años después, el director austríaco ha repetido galardón con Amor, una historia sobre la vejez y la muerte protagonizada por los veteranos Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva. La película es un crudo retrato de la vejez y la muerte, en una nueva muestra de que las temáticas fáciles y accesibles a todo tipo de público no van con este excepcional director.

En Amor, Haneke retrata el día a día de una pareja octogenaria en su piso de Paris con su habitual estilo: seco y conciso. Entre esas cuatro paredes, el realizador narra como el amor entre estos dos personajes es puesto a prueba por la enfermedad de ella, que sufre una grave parálisis. También goza de protagonismo Isabelle Huppert, que interpreta a la hija del matrimonio, en la que es la tercera colaboración entre ambos tras La Pianista y El Tiempo del Lobo.

Pocos directores tienen la capacidad que posee Michael Haneke para hacer que el público lo pase terriblemente mal durante el visionado de sus películas. No ha filmado ninguna película de terror y ni falta que hace, porque la realidad que muestra Haneke es suficiente para asustar a los sufridos espectadores. El austríaco ofrece historias de una aspereza extraordinaria recubiertas por una pátina de violencia tan dura y realista que hace daño tanto a la mente como al corazón.

Todas sus películas dejan escenas marcadas a fuego en la retina de los espectadores por el malestar que provocan. Imposible sacarse de la cabeza ese plano fijo de varios minutos con el desgarrador sufrimiento de Sussane Lothar en Funny Games tras un inconcebible asesinato, el acoso verbal que sufre Juliette Binoche durante un trayecto en autobús en Código Desconocido o el inesperado auto-degollamiento en la cocina en la críptica Caché. En definitiva, fotogramas que hacen que te revuelvas en la butaca.

Retorcido es otro de los adjetivos que suelen acompañar al cine de Haneke, pero la absoluta falta de artificios de su cine contradice dicha afirmación. El cine de Tarantino es retorcido, mientras que el de Haneke es malsano. La violencia de Tarantino es recreativa y, por tanto, disfrutable, mientras que la de Haneke provoca que un sudor frío recorra tu espina dorsal, que los músculos se tensen y que el estómago se revuelva. Una demostración de que Haneke posee el don para incomodar.

 

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Publicado por en mayo 31 2012. Archivado bajo Cine, General, Más Cine. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

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