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La caída de Lakers: El desgobierno del capitán de balsa

Héctor Chamizo (@hectorchamizo) – Opinión

Suele suceder que cuando uno se quiere llevar la tajada más grande se tiene que conformar finalmente con la más pequeña. Son casualidades de la vida que se repiten con cierta asiduidad y que insinúan, a menudo, a señalar con el dedo a ese señor Murphy que con tanto desprecio predicó su ley a la humanidad. Por segundo año consecutivo la decepción ha vuelto a sobrevolar por los aledaños del Stapless Center. Se ha vuelto a repetir la situación, con espíritu parecido, pero con actores cambiados de papel en el agrio largometraje que ha supuesto la temporada. El uso del papel translúcido ya es un acto comunitario en Los Ángeles. Solo hace falta realizar un rebobinado al pasado para ser conscientes de la escasa innovación durante toda la temporada.

Con prisas y mal. El verano, el otoño y el largo invierno fue como una enfermedad crónica para los Lakers. Poco a poco el paso del tiempo iba carcomiendo las medidas improvisadas para salir a la luz del duro agujero en el que se habían metido. La idea de Buss y Kupchak de hacer una renovación profunda en el equipo para vanagloriarse de la gestión del año se ahogó en un océano de desesperanza. Chris Paul, vetado; Howard en Orlando, Odom fuera, Pau Gasol sin confianza y un equipo en las exclusivas manos de Kobe Bryant.

Entretanto, un hombre que, casi sin quererlo ni beberlo, se encontró en la sala de máquinas de un buque difícil de navegar. Después de su paso más que discutido por Cleveland, la franquicia angelina vio en Mike Brown al sustituto perfecto para Phil Jackson. Nada más lejos de la realidad. Blanco y negro. Si el barco se antojaba demasiado grande para el de Ohio, según las líneas más críticas, se terminó demostrando que quizás pueda engalanarse y presumir ser capitán de balsa, pero no de transatlántico. Ahogado por un horizonte de despropósitos jamás supo avistar la orilla. Sin brújula y sin remo alguno. Su obsesión por la defensa y la escasez de soluciones en ataque han desorientado a la integridad del plantel. Se pasó de los casi 101,5 puntos por partido de la temporada 2010/2011 a los 97,3 de la presente. Y ahí no queda todo. También se pasó de conceder 95,4 puntos de media a los rivales a hacerlo en 95,9.

Por tanto, la obsesión poco terrenal de ahondar únicamente en la parcela defensiva ha hecho aguas por completo. Como tampoco es del agrado visual ver a Pau Gasol tan lejos del aro transformado en un alero de 2’13 -dejando al margen lo ineficaz que ha sido el de Sant Boi en momentos clave-.

El puntero láser apunta directamente a Brown, pues la realidad le ha cegado al abrir los ojos, a pesar de que en la cúspide de la pirámide es desde donde se han tomado las grandes y mareantes decisiones que son las que han desembocado en la desangelada situación actual. Entre otras tantas, sin ir más lejos, la contratación del propio entrenador. Tanto Buss como Kupchak se han empeñado en atravesar zonas selváticas cuando creían encontrarse frente a un escenario paradisiaco: Esperanzas (los citados Paul y Howard) y golosinas que no han curado el hambre (Sessions y Hill).

‘Hilles y Ramones’tienen capítulo aparte en estas líneas. Con cierta ignorancia Buss tildó a la operación, al límite del trade deadline, como realmente alentadora. Hasta tal punto que, días después, no dudó en situar a los Lakers como “los principales candidatos al título”. Mire usted, a veces la fanfarronería se paga dentro de la cancha. No solo Lakers no ha optado al anillo sino que se ha atragantado en el mismo lugar: semifinales de conferencia.

¿Y ahora… qué?

Todo el mundo se formula a estas alturas la misma cuestión: ¿Qué debe hacer Lakers? La previsión amenaza con tormenta en porcentajes elevados. Así será salvo sorpresa. Dejando al margen a Kobe Bryant, todos transferibles. Empezando por el General Manager, Mitch Kupchak, y terminado por ese capataz que se ha dejado vestir por un traje que le quedaba inmenso: Mike Brown. Habrá revolución y cambios. Los focos señalan con timidez al Maestro Zen, aunque difícilmente asuma otro reto con los púrpura y oro, mientras que muchas voces, incluída la de Magic, solicitan que muchos hagan las maletas. Todo se andará. La máxima responsabilidad yace en las altas esferas, pasa por la dirección deportiva y concluye en el banquillo. Los angelinos piden a gritos un giro y una dinámica estable. Un proyecto comandado por la Mamba y apoyado con más talento del que existe. Habrá que verlo. Continuará.

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Publicado por en mayo 28 2012. Archivado bajo Análisis y Opinión, Con nombre propio, Deportes, General, Héctor Chamizo, Zona NBA. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

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