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Lo sugerente y lo explícito: The Deep Blue Sea

Roger Rosich (@rogeRosich) - Crítica.

The deep blue sea seguramente sería uno de los muchos films que se presentaron a Barcelona durante el Festival de Cine de Autor, sin más, si no fuera porque la protagonista es la Hipathia de Amenábar: Rachel Weisz. Un elemento estelar dentro del mundo alternativo del cine de autor. Naturalmente Weisz ni vino a Barcelona ni existió nunca ninguna alfombra coloreada para tal festival “de autor”.

The deep blue sea es un film del 2011 dirigido por Terence Davies, donde se adapta la obra teatral del mismo nombre de Terence Rattigan, y la verdad es que ahí reside el problema principal: el tiempo teatral, que puede tocar lo sublime si se saben repartir los silencios y los gestos, sufre muchísimo ante la velocidad esperada del tiempo fílmico; en resumidas cuentas, que llevar teatro al cine no es cosa fácil (véase el caso reciente de Un dios salvaje de Polanski). Y por si esto fuera poco, Davies llenó la película de una melancolía impertérrita y presente en todo el aire que respiran sus tres protagonistas; una melancolía muy británica (cómo la película), si se quiere, de neblina y media sonrisa. El film languidece, y a veces pone nervioso o infunde desánimo.

Que sirva de aviso para si algún día el film llega a pasarse por las salas comerciales: no por mucha Rachel Weisz la película deja de ser muy “de autor”.

Terence Davies reflexiona sobre el tiempo perdido, el tiempo que se va y la importancia de nuestros actos y decisiones, todo a ritmo de lentísimo melodrama, con una película bien hecha, que insinúa más que dice, pero cuando los tópicos se vuelven típicos, la verdad es que aborrece, y el tema del triángulo amoroso si no se le añade algo de salsa poca chispa tiene. Y a mayor drama aún cuando el personaje de Weisz reencarna algo demasiado parecido a una Anna Karenina. Es para ponerse a gritar en mitad de la sesión.Con Weisz interpretando a la protagonista, Hester, como decía, hay dos actores redondeando el melodrama: Simon Russell Beale, que interpreta a su marido, Sir William Collyer, un juez aristócrata, y Tom Hiddleston, el amante con la cabeza perdida después de volver de la Segunda Guerra Mundial llamado Freddie Page. En un momento dado, el enloquecido carácter de Freddie le dirá a Hester que es una pobre desalmada que se casó con el primero que se lo pidió y se metió en la cama del primer hombre atractivo que la intentó seducir. Y así es: Hester Collyer/Page vive la indecisión de volver con su marido respetable o seguir un amour fou con el aguerrido pero loco piloto excombatiente, pero parece que no tenga sangre en las venas. La tensión es melodramática, sin llegar nunca a ningún exceso, todo muy soft, de luz amarillenta.

Con menos aire y con más cuerpo rodó en 2011 también Bertrand Bonello su película L’Apollonide (Souvenirs de la maison close), una sugerente y sugestiva película ambientada en una “casa de tolerancia” del París de la Belle Époque, es decir, un prostíbulo de chicas hermosas que viven con cierta libertad pero atadas a su profesión, prostituyéndose con ricos burgueses y aristócratas que van a saciar sus pornográficas mentes.

Un film coral donde las protagonistas son las jóvenes prostitutas atractivas, las cuales el director nos muestra en su día a día cíclico: el lánguido despertar, la vida triste y decadente comunitaria, la preparación del vestuario y el maquillaje elegantes, el encuentro con los clientes y las sesiones de sexo más descarnadas. Carne. Cuerpos. Muy sugerente. Muy explícito.

Un pequeño cosmos sórdido, obsceno y depravado con clientes lujuriosos y perversos, y con unas prostitutas hermosas y elegantes, que muestran sin pudor sus cuerpos turgentes delante de la cámara, unos cuerpos que son los auténticos protagonistas: llenos de vida a la vez que muertos por dentro; como una de ellas que a veces le pagan para interpretar el rol de una muñeca, vestida como tal y moviéndose como tal… Y la máxima representación metafórica de este desgarramiento de cuerpo y alma, a la vez que de la decadencia de l’Apollonide (el nombre de la casa), es Madeleine, una de las chicas, que durante una sesión con un cliente habitual (por el cual siente afecto), este le desgarra la cara con una navaja dejándole una sonrisa terrorífica de por vida. Una muestra terrible de la decadencia de un prostíbulo elegante que termina lánguidamente entre deseos de todas ellas de no morir de enfermedades venéreas o de no terminar en un burdel marsellés fumando opio entre marines… Nada sabían ellas de las esquinas de las rotondas de las autovías…

Un film objetivo con puntos de fina sugerencia pero duramente explícito de una oscura realidad. Una joya rara más del que fue el Festival Internacional de Cine de Autor de Barcelona de este año.

URL simplificada: http://www.puntoencuentrocomplutense.es/?p=26119

Publicado por en mayo 21 2012. Archivado bajo Cine, General, Más Cine. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

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