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Recordando a… Hakeem Olajuwon

 

Alejandro D. Diaz Triguero.- Reportaje 04/05/2012

Durante el reinado de Michael Jordan en la NBA (1990-1998) tras de sí fue dejando una lista de jugadores a los que la grandeza del 23 de Bulls dejó con carreras a medio terminar. Mientras Jordan acumulaba títulos de campeón y anillos hasta contar seis, el resto de grandes estrellas de la NBA veían cómo chocaban ante el muro infranqueable de los Bulls: Clyde Drexler y sus Blazers en el 92, Charles Barkley y los Suns del 93, Gary Payton y Shawn Kemp de los Sonics del 96 y los Jazz de Stockton, Malone y Hornacek en el 97 y 98, amén de aquellos que caían antes de llegar a las Finales, como los Cavs de Daugherty y Mark Price, los Knicks de Ewing, los Pacers de Reggie Miller o los Heat de Hardaway y Mourning.

 

Sin embargo, durante el breve retiro que Michael Jordan cedió a sus rivales, sólo un equipo fue capaz de imponerse sobre el resto y de esta manera, aprovechar para hacerse con los títulos de 1994 y 1995. Este equipo, curiosamente, nunca llegó a cruzarse con los Bulls de Jordan en unas Finales de la NBA. Eran los Houston Rockets de Hakeem Olajuwon, posiblemente el mejor pívot de los últimos 25 años y seguramente el pívot con mayor calidad ofensiva de la historia.

 

 El fútbol, lo que luego explicó todo

Akeem Olajuwon (sin la “H” que posteriormente incluiría en su nombre) nació en Lagos, Nigeria, como el tercero de seis hermanos de un matrimonio de la clase media nigeriana un 21 de Enero de 1963. A diferencia de lo que ocurre hoy día, el baloncesto en África por aquel entonces era un deporte muy a la sombra del fútbol, que dominaba la escena deportiva de los aún jóvenes estado africanos. En su adolescencia, el joven Akeem había probado a realizar varios deportes, dado la superioridad física con la que destacaba antes los demás, como el balonmano o el fútbol. Durante sus años de “futbolista”, Olajuwon perfeccionó una coordinación con los pies impropia para un chico de su edad. El hecho de verse obligado, dada su estatura, a proteger el balón con los pies ante la lentitud de sus movimientos respecto a sus compañeros, provocó lo que posteriormente veríamos en sus años de jugador de baloncesto: el mejor juego de pies en el poste bajo que este deporte haya visto.

 

A los 15 años y dado que su físico así lo exigía, decidió probar con el deporte que lo convertiría en leyenda años más tarde. Y como suele ocurrir (y como se ha utilizado de reclamo años más parte para otros jugadores como Manute Bol o los desastres de Michael Olowokandi y Hasheem Thabeet), la progresión que se espera para un jugador africano (con las características físicas) hizo que llamara la atención en muchas universidades de Estados Unidos. En 1990, por recomendación de un miembro del equipo técnico, Olajuwon llega a la ciudad en la que disputaría casi la totalidad de su carrera como jugador de baloncesto, Houston.

 

La primera parada sería la Universidad de Houston, a la que llegaba tras un período alejado de los éxitos de finales de los 60 y principios de los 70, donde la presencia de otro de los grandes pívots de la historia, Elvin Hayes, había colocado a los Cougars como uno de los programas de referencia en el ámbito baloncestístico. Guy Lewis se mantenía al cargo de los reclutamientos y aceptó la llegada de Olajuwon, a pesar de que sólo se fiaba de la palabra de un amigo, que sí que había podido ver a Olajuwon en acción en Nigeria. En su primera temporada en la Universidad Olajuwon no pudo llegar a disputar ningún partido por impedimento de la NCAA, pero en sus tres años posteriores llevaría al equipo a las mayores cotas deportivas y de popularidad desde los años dorados de Hayes.

 

Lo cierto es que la ciudad de Houston estaba de moda a principios de los 80 en el mundo del baloncesto. Los Rockets, con Moses Malone al frente, habían logrado plantarse en las Finales de la NBA en 1981 y el pívot había conseguido acumular hasta en dos ocasiones el premio de MVP de la NBA, hecho que dejaba al descubierto que hasta la explosión de Larry Bird en 1984, el mejor jugador de baloncesto del mundo jugaba en la ciudad tejana. Precisamente en 1981 Akeem debuta con la camiseta roja de los Cougars en una plantilla que contaba con grandes jugadores como Larry Micheaux o Clyde Drexler, que se convertiría en su mejor amigo en la plantilla. En su primera temporada, y aún con Olajuwon sin llegar a ser titular, el equipo se planta en la Final Four de New Orleans y sólo cae ante el equipo que posteriormente sería campeón, North Carolina, con Michael Jordan, James Worthy y Sam Perkins. Manteniendo el bloque que les había llevado hasta las semifinales nacionales, los Cougars partían al año siguiente como máximos favoritos al título.

 

Houston realiza una temporada brillante, cayendo únicamente en dos partidos en toda la temporada antes de llegar al Torneo Final, a principios de año frente a Syracuse y ante Virginia, donde dominaba el baloncesto universitario a su antojo un hombre de 2’20 con alma de alero, Ralph Sampson. Tras dominar con claridad el Torneo de la Southwest Conference, Houston llega a Marzo como número 1 Nacional y vence con claridad en su región, lo que le otorga por segundo año consecutivo presencia en la Final Four de la NCAA, que se disputaría en Alburquerque, New Mexico. Tras apabullar a Louisville (93-81) en semifinales, con 21 puntos y 22 rebotes de Olajuwon, la final ante la “Cenicienta” North Carolina State de Jim Valvano parecía a priori más cómoda que las semifinales. En una de las mayores sorpresas de la historia del baloncesto universitario, los Wolfpack consiguieron llevar el partido a su terreno (partido a pocos puntos, muchas pérdidas e imprecisiones), anulando a casi todas las estrellas de Cougars (Drexler, Young y Micheaux sumaron en total 14 puntos entre los tres), excepto a Olajuwon (20 Pts. y 18 rebs) y se hicieron con la victoria por 54-52. A pesar de todo, el nigeriano fue nombrado como el Most Oustanding Player del torneo, caso casi único de jugador que ha sido nombrado como el mejor jugador sin que su equipo se hiciera con el título.

 

Al año siguiente el equipo sufría las bajas de Drexler y Micheaux rumbo a la NBA. Se mantenían Olajuwon como máxima estrella junto a Michael Young, que ya había sido el máximo anotador del equipo la temporada anterior. La temporada del equipo es similar en cuanto a resultados. Se presentan en el Torneo Final con sólo 4 derrotas, venciendo de nuevo claramente su Conferencia. El equipo parte como número 2 regional y vence a Wake Forest en la final, lo que le da billete a su tercera Final Four consecutiva, hecho sin precedentes en la Universidad y que no se repetía desde la UCLA de John Wooden. Cediendo el protagonismo al otro gran pívot universitario del momento, Houston se planta de nuevo en la Final Nacional para enfrentarse a la Georgetown de Pat Ewing. En el primero de los grandes duelos que ambos pívots protagonizarían años más tarde en la NBA, Olajuwon superaría levemente a Ewing (15 puntos del nigeriano por 10 del jamaicano, ambos con 9 rebotes), pero los Hoyas se llevaban la victoria y dejaban a Olajuwon sin título universitario.

 

El númer 1 del mejor Draft 

 Licenciado y con las vistas puesta en el profesionalismo, Akeem Olajuwon afrontaba su salto a la NBA como uno de los mejores prospectos de su promoción. La salida de Moses Malone en 1982 rumbo a los Sixers había dejado a los Rockets hundidos y sin capacidad de reacción, lo que les había llevado al peor registro de victorias en su historia en 1983 y que les daba derecho a elegir en primera posición en aquel Draft, con el que se hicieron con aquel ala pívot de Virginia nombrado anteriormente, Ralph Sampson. La temporada siguiente la mejor fue sustancial (se llegaron a 29 victorias), ya con Bill Fitch en el banquillo. Quién sabe si siendo conscientes del impacto que tendría Olajuwon en el equipo, lo cierto es que Rockets se deja ir al final del campeonato y acumula un récord de 5 victorias y 17 derrotas en el último mes y medio de competición, lo que les lleva al peor récord de su Conferencia. El lanzamiento de una moneda (la forma que existió hasta ese año de dirimir qué equipo obtenía el número 1 del Draft) salió de su lado y a los Rockets les correspondía elegir en primera posición en la mejor generación de un Draft de la historia.

 

A pesar de que la nómina de jugadores a elegir era amplia, Houston no dudó un instante en que Olajuwon sería su hombre. Aunque ya contaban con Sampson en el juego interior, las características de este hacían necesaria la presencia de otro jugador interior más duro y defensivo, ya que el ex jugador de Virginia era un 2’20 que gustaba de lanzar desde fuera, poco dado a la lucha en los tableros y poco reboteador. Por otro lado, el hecho de que Olajuwon fuera un jugador surgido de la Universidad local aportaba un plus de seguimiento a una ciudad que había abandonado el baloncesto profesional de manera paralela al crecimiento de las prestaciones de Olajuwon y compañía en los Cougars. Por delante de jugadores como Michael Jordan (nº 3) o Charles Barkley (nº 5), Olajuwon era elegido como el número 1 del Draft de 1984.

 

La “llegada” de Olajuwon a Houston provocó inmediatamente que se hablara de la pareja interior que formaría junto a Sampson. De esta manera nacieron las “Twin Towers” (Torres Gemelas) de los Rockets, llamados a devolver los tiempos gloriosos que otro pívot como Moses Malone había dado a la ciudad. Y efectivamente, así es como ocurrió. En su primera temporada juntos, ambos jugadores se van a más de 20 puntos, 10 rebotes y 2 tapones por partido, logrando 19 victorias más que la temporada anterior y devolviendo al equipo a los Playoffs, donde caen en primera ronda.

 

La temporada siguiente es la que termina de colocar a los Rockets en el mapa NBA. Entre Olajuwon (23’5 Pts, 11’5 reb, 3’4 taps) y Sampson aúpan al equipo al segundo mejor récord de la Conferencia Oeste, sólo por detrás de los actuales campeones, Los Angeles Lakers de Magic, Jabbar y compañía. Ambos equipos se cruzan, como era previsible, en las Finales de Conferencia. En el quinto partido (3-1 para Houston), con empate a 112 en el marcador y un segundo por jugarse, Houston tiene posesión de balón. Junto al banquillo de Lakers se dispone a poner el balón en juego Rodney McCray, que eleva el balón hasta la cabeza de la zona, donde recibe Ralph Sampson, de espaldas al aro y con Abdul-Jabbar en su espalda. El 50 de Rockets realiza un escorzo en el aire, palmea el balón en dirección a la canasta y acaba entrando tras golpear el aro y elevarse un metro. Houston disputaría sus segundas Finales NBA ante Boston, como cinco años antes, y aunque la serie acabaría con victoria de Celtics, Olajuwon sembraba las bases de un proyecto ganador a corto y medio plazo.

 

Las cinco temporadas siguientes el equipo bajaba las prestaciones hasta le punto de abandonar los Playoffs en la 91-92. Las lesiones asolaron a Sampson, que abandonaba el equipo mediada la temporada 87-88, mientras las prestaciones de Olajuwon seguían creciendo y acumulaba presencias en el mejor quinteto de la temporada y en el mejor quinteto defensivo. La fuerza del nigeriano trascendía más allá del aspecto ofensivo, siendo uno de los mejores taponadores de la NBA, aunque apenas superara los 2’07 metros de altura (oficialmente medía 2’13).

 

Llegada la década de los 90, Houston mejoraba su plantilla con las llegadas de Otis Thorpe, Kenny Smith y Vernon Maxwell. En 1992 llegaba al banquillo Rudy Tomjanovich y en 1993, con la primera retirada de Jordan, Houston se perfila como uno de lo máximos favoritos a suceder a la dinastía de Chicago. Los Rockets suman 58 victorias, sólo por detrás de Seattle, y en Playoffs afrontaba los emparejamientos ante el resto de favoritos liderados por sus compañeros de generación: los Blazers de su amigo Drexler (que ya acumulaba dos finales perdidas), a los que vencen 3-1 en primera Ronda; los Suns de Barkley, vencidos en siete partidos y finalmente los Utah Jazz en Finales de Conferencia. En la final, de nuevo, esperaba Pat Ewing, que ya le había robado el título NCAA diez años antes. Los Knicks volvían a unas Finales NBA por primera vez desde 1973 con Pat Riley al mando, pero a pesar de que la serie se fue hasta los siete partidos, el rendimiento de Ewing no estuvo a la altura del de Olajuwon, que conseguía su primer título y fue nombrado MVP de las Finales. Sin una esperada vuelta de Michael Jordan en el horizonte, los Rockets se presentaban como aspirantes a suceder la dinastía Bulls los años venideros.

 

La temporada siguiente el equipo comenzó como se esperaba. 9 victorias consecutivas de inicio vislumbraba que repetirían título, pero a partir del segundo mes comenzarían a acumular derrotas. El 14 de Febrero del 95 los Rockets se hacían mediante traspaso con Clyde Drexler, el antiguo compañero de Olajuwon en los Cougars, y acababan con un récord de 47-35, pero dado el nivel del resto de equipos de su Conferencia, sólo podían ser sextos. De nuevo, Houston afrontaba unos Playoffs durísimos que, contra todo pronóstico fueron superando: 3-2 a Utah en primera ronda, 4-3 a Phoenix en segunda ronda y 4-2 ante los Spurs en Finales de Conferencia. Sorprendentemente, segunda presencia consecutiva en unas finales. Al otro lado del país esperaba una nueva fuerza emergente que hacía peligrar el predominio de Olajuwon y los veteranos Rockets en su estatus en la NBA, los Orlando Magic de Shaquille O’Neal y Penny Hardaway. Pero Houston, aún con el factor cancha en contra, se hizo con al anillo tras vencer 4-0 y un nuevo título de MVP de las Finales para el nigeriano. La frase de su entrenador, Rudy Tomjanovich al término del cuarto partido resumía perfectamente la temporada de estos Rockets: “nunca subestimes el corazón de un campeón”.

 

 

Las temporadas siguientes el equipo fue de menos a más. El bloque del equipo envejecía y ni siquiera la llegada de Charles Barkley en 1996 les logró mantener entre la élite de la Liga, salvo su presencia en las Finales de Conferencia en 1997, cuando un triple de Stockton les dejó fuera de poder medirse por primera vez a los Bulls de Jordan en una Final. Ese verano, Olajuwon (ya con nacionalidad estadounidense y con el beneplácito de la FIBA), se unía a otras estrellas de la NBA en el considerado segundo “Dream Team” y conseguía su primer y único oro olímpico en Atlanta.

 

Su final de carrera sólo nos deja un pequeño lunar. Su última temporada en activo la disputó para los Toronto Raptors, ya con 39 años y donde ya daba muestras de un enorme declive físico. De hecho, nunca se supo exactamente cuál era la edad real de Olajuwon. En una rueda de prensa durante su etapa en Houston, su locuaz compañero Charles Barkley, tras ser preguntado por el estado físico del pívot respondió: “¿Tú sabes cuántos años tiene? Porque ni siquiera él lo sabe a ciencia cierta”.

Olajuwon, una carrera de leyenda

 Hakeem Olajuwon disputó su último partido profesional un 2 de Mayo de 2002 en la derrota ante Detroit Pistons en el quinto partido de la primera ronda de Playoffs de ese año. Cuando afrontaba el túnel de vestuarios, lo hacía con casi 27 mil puntos anotados (el 9º máximo anotador de la historia) y más de 13 mil rebotes (11º de todos los tiempos), además de ser el líder histórico de tapones, con 3830. Junto a esto, dos títulos de la NBA, un MVP de la temporada regular, dos MVP de las Finales, dos veces Mejor Defensor de la Liga y 12 veces All-Star. Pero más allá de los números, Olajuwon dejó un rasgo inigualable en su juego, algo que pocas veces se podrá volver a ver. Su juego de pies, la manera en que fintaba el lanzamiento para girar sobre sí mismo y acabar la canasta con un semigancho o una suspensión a media vuelta, un movimiento que le hacía imparable y le otorgaba el honor de ser el jugador de baloncesto más dominante de la NBA tras Jordan. Además, suponía un muro infranqueable en defensa, con un timing perfecto que apoyaba a sus enormes y largos brazos y suplía su carencia de centímetros respecto a otros pívots de su época como Parish, Ewing, Robinson u O’Neal.

 

Olajuwon, de arraigadas creencias musulmanas, vive a día de hoy en Jordania alejado de todo espectáculo de la NBA, retiro que sólo rompe para realizar trabajos privados con algunas estrellas que intentan mejorar su juego de pies y de espaldas al aro. Dwight Howard o Kobe Bryant han sido aleccionados por el nigeriano, pero evidentemente su don no se puede igualar. Nadie podrá bailar en la zona como lo hacía él.

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Publicado por en mayo 4 2012. Archivado bajo Deportes, General, Recordando a.... Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

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