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Entrevista conjunta a Tony Soprano, Donald Draper y House en… Lavapiés

 

David Redondo. (@Dr_Redons) – Entrevista-reportaje 07/06/2012

(Leer nota del autor en la parte inferior)

Me cito con ellos en un viejo local de la calle Doctor Piga de Madrid en el -para unos castizo y para otros cosmopolita- barrio de Lavapiés. Es un bar que rezuma esencia madrileña de barrio cañí de la España de los 60. Cortinas de macarrones, moscas, todo tipo de anises, mesas de metal, sillas duras y grasa, mucha grasa en sus deliciosos aperitivos. No creo que sea muy del agrado de cualquiera de los tres entrevistados, pero supongo que peor llevarían estar en algún local menos escondido de la capital dado sus diferentes pero a la vez parecidos caracteres.

 

El primero de los tres llega con gafas de sol y camisa de jugador de bolos medio desabrochada. Anillo de oro en el meñique, una esclava y un reloj del mismo material en cada una de las muñecas. Es un tipo alto, fuerte, corpulento y muestra una generosa barriga que en este barrio muchos llamarían panza. Echa una mirada por encima de los cristales oscuros de las gafas, me ve, se acerca y me pregunta que si aquí tampoco se puede fumar. Todo esto acompañado de alguna que otra palabra mal sonante. Al camarero que está tras la barra le indico que a este tío es mejor dejarle hacer lo que quiera. Al fin y al cabo, tras esa facha descuidada, ese estilo desgarbado y ese rostro sudoroso se esconde uno de los capos mafiosos más importantes de New Jersey. Su nombre es ya demasiado familiar en nuestro país, Tony Soprano.

 

El tabernero, con otro gesto y con cara de pocos amigos, da luz verde al puro de Tony. Es una de sus pasiones, los puros. Aprovecho para romper un poco el hielo:

- Vaya, parece que hasta aquí en España te tienen miedo…

 

- “Me da igual que me tengan miedo. ¡Dirijo un negocio, no un puto concurso de popularidad!”

 

Tony Soprano fuma cuando se siente bien –como después de acostarse con una mujer que no necesariamente tiene por qué ser Carmela, su esposa- , fuma cuando se siente mal, cuando le da un ataque de pánico o ansiedad… Sí, no deja de ser curioso que a este capo de la Cosa Nostra -la palabra mafia está vetada- esté aquejado de ataques de pánico. Es algo que le incomoda bastante, que intenta mantener oculto para que sus enemigos y, sobre todo, sus amigos del negocio no lo vean como una debilidad. De ahí que lleve tiempo visitando a una psicóloga, la doctora Melfi, con la que cada encuentro en su consulta resulta ser más sorprendente.

 

Tony Soprano no es, en absoluto, un Vito Corleone. No se puede distinguir ni por su estilo, ni por su caballerosidad, ni por su carácter dialogante. Pide un whisky. Me cuenta que está harto del rollo de la psicóloga, que cada vez que va lo único que le apetece es tirársela y que por aquí por Madrid ya ha visto algunas mujeres como para perder la cabeza. Irina, Gloria, Valentina, Svetlana… son algunas de las infidelidades de Tony. Aún así, no le termina de convencer lo de la psicóloga:

 

- A mi mujer siempre le digo, “el cunnilingus y la psiquiatría nos han llevado a esto”.

 

Reconoce, eso sí, que la doctora Melfi le ha servido de ayuda con sus problemas de ansiedad. Por lo menos tenía a alguien a quien contarle sus rollos. Según esta doctora, todos los problemas de carácter y de falta de autoestima de Tony Soprano provienen de la figura de su madre, Olivia. Y no es raro. La desangelada y adusta mujer fue víctima del propio ambiente en el que crió a sus hijos en el barrio italiano de su ciudad. Esposa de un mafioso de medio pelo, el padre de Tony, y casi siempre sola, terminó teniendo una visión de la vida un tanto deprimente: “El mundo es una jungla. Y sí quieres mi consejo Anthony, no esperes felicidad. Te abandonarán, tus amigos te traicionaran y nadie recordará tu nombre. Morirás en tus propios brazos”, dijo a Anthony Jr. hijo menor de Tony.

 

Mientras Tony da su primer trago al Cutty Sark que le han servido, en el bar se proyecta la sombra del segundo de los entrevistados que se encuentra en bajo el arco de la puerta. Su edad es similar a la de Tony, en la cuarentena, pero el estilo… ¡Ay el estilo! Si algo tiene es porte, elegancia, clase y estilo. También llega con gafas de sol, pero a pesar del bochorno casi veraniego de la capital española, él viene vestido con un entallado y carísimo traje. Corte italiano. Cortésmente se acerca a nuestra mesa, se presenta y nos extiende la mano. Yo me levanto para corresponderle, Tony le dedica una media y fingida sonrisa a la vez que, desde su silla, le estrecha su mano izquierda. Con la derecha remueve su whisky solo.

 

-“Voy a un montón de sitios y termino siempre en algún lugar en el que ya he estado”. Dice para mi sorpresa. No sabía que Donald Draper hubiera estado ya por Madrid y hubiera frecuentado un tipo de local tan cañí como este.

 

Donald Draper, más conocido por el apócope de su nombre, Don, es un tipo parco en palabras, con las ideas claras y con una mirada que transmite seguridad. Seguramente más de la que él tenga en sí mismo. Se trata de un alto ejecutivo de una agencia neoyorkina de publicidad. Es el creativo, el alma mater de esta agencia. La publicidad es uno de los temas que le apasionan. Después de un rato de conversación en el que Don ha decidido emular a Tony con la bebida, habla más abiertamente de su mundillo:

 

-“La publicidad se basa en una cosa, la felicidad. Y, ¿sabes lo que es la felicidad? La felicidad es el olor de un coche nuevo. Es ser libre de las ataduras del miedo. Es una valla en un lado de la carretera que te dice que lo que estás haciendo lo estás haciendo bien”.

 

- Hombre, eso es lo que los publicistas habéis querido hacer creer a la gente que es la felicidad, ¿no?

 

- “Las personas desean que les digan lo que tienen que hacer, por lo que escucharán a cualquiera”. Me responde reclinado sobre su silla apoyando su brazo extendido sobre la de al lado. “Lo que llamas amor fue inventado por tipos como yo para vender medias”.

 

- Pero si las mujeres, o el consumidor, compran esas medias, es porque hay agencias de marketing y publicidad que han creado esa necesidad –le replico mientras Tony Soprano sonríe, parece que le hace gracia la deriva de la conversación.

- “Mira, la gente compraba cigarrillos antes de que Freud naciera”. - Y sigue-   “Lo mío es venderle crema de manos a las señoras. Del humo que se ocupen los bomberos.”

 

Entre comentarios y alguna que otra broma, ya ha pasado más de una hora de entrevista. El tercer entrevistado sigue sin aparecer y Tony y Don van por su cuarto whisky. Tony pide al camarero la botella; Don lo aprueba. Siguen hablando de negocios. Yo dejo que la conversación fluya…

 

- “¿Qué dos negocios han demostrado ser inmunes a las crisis económicas desde tiempos inmemoriales? Algunos aspectos del show business y lo nuestro” .- Dice Tony refiriéndose a sus negocios en Newak.

 

- ¿La mafia? –se me ocurre preguntar con desacierto…

 

-“No hay mafia”, responde Tony de mala gana.

 

Nos volvemos los tres hacia la puerta. Un bastón negro con llamas dibujadas en su parte baja –estética AC/DC- aparta los macarrones de la cortina del bar. Draper mira al hombre que no se decide a entrar. Es algo más bajo que ellos, cuarentón también. Barba y pelo blanco. Vaqueros, deportivas, camisa y chupa de cuero. Esa indumentaria y el estruendoso ruido ahogado del escape de una moto de gran cilindrada delata la forma en que ha llegado hasta la puerta del bar. Después de observarlo detenidamente, Don parece que puede decirnos más sobre este hombre:

 

- “Las personas nos dicen quiénes son, pero lo ignoramos porque queremos que sean lo que nosotros queremos que sean”. Nos dice refiriéndose al nuevo visitante.“Cuando un hombre entra en una habitación, carga con toda su vida en sus espaldas. Puede que tenga un millón de razones para estar en otro sitio, pero está ahí. Todo lo que tienes que hacer es preguntarle. Si le prestas atención, entenderás cómo llegó ahí. Entenderás cómo olvidó lo que estaba haciendo antes, cuáles eran sus sueños y cómo se estrelló con la realidad. Entenderás que el también asume que el mundo no es perfecto y comprenderás que se arrepiente de los errores cometidos en el pasado.”

 

- “¿Me estás diciendo que tampoco puedo practicar el sexo oral con las becarias?” –Dice el nuevo dirigiéndose a Draper, que se queda sorprendido en un primer momento. La ironía en la pregunta la ha sabido encajar bien. “Necesito mucha estimulación. Yo no me masturbo, me hago el amor.”, continúa apoyado sobre su bastón.

 

Tony Soprano me pregunta que si se trata del otro entrevistado, el Dr. Gregory House; él lo escucha:

-“Me parece que me voy a arrepentir, pero sí”- Responde.

 

Por más que Don Draper nos diga que todo cuanto tenemos que saber de una persona lo vemos a primera vista, estos tres hombres son el ejemplo de que las imágenes que proyectan muchas personas no son más que fachadas para esconder sus verdaderas formas de ser. Personajes que crean para poder combatir mejor una realidad que no les gusta.

 

-“Si no te gustan las cosas tal y como son, cámbialas y adáptate al cambio.”, ha dicho en algún momento de la tarde el propio Draper.

 

Donald Draper es el ejemplo de hombre de éxito. Respetado por todos los profesionales de la publicidad en Estados Unidos, que ha hecho carrera empezando desde lo más bajo del escalafón; su talento, su ambición, su decidido carácter y su tremenda confianza en todo lo que desarrolla han sido los pilares fundamentales de su meteórico recorrido profesional. En el ámbito personal está casado con una bella rubia, Betty Draper, y es padre de Sally y Bobby de unos 10 y 7 años aproximadamente. Draper es deseado por la competencia, es deseado por otras mujeres y provoca la envidia de muchos hombres que nunca soñaron tener tanto. Sin embargo, como también ocurre en el caso de Tony Soprano, ese profundo narcisismo y seguridad exterior de la que hace gala Draper esconde un pasado, tapa infidelidades, golpes bajos, mentiras… “No hay ninguna gran mentira, no hay ningún sistema, el universo es indiferente” es otra de las afirmaciones de Donald Draper. Y estos hombres también esconden fracasos… Porque si hay algo que defina a estos tres hombres también es el fracaso. Y es, precisamente, lo que ellos se esfuerzan por desterrar de sus vidas. Quizá tropiezan menos que cualquier mortal, pero para ellos el fracaso no puede tener cabida en sus vidas y por ello hablan con tanto desdén de la ineptitud de quienes les rodean:

 

- “Sterling Cooper [su agencia de publicidad] tiene más artistas e intelectuales fracasados que el Tercer Reich”. Comenta Don.

 

- “Hasta un reloj roto da bien la hora dos veces al día”, le responde Tony haciendo referencia a que vivimos rodeados de mediocres que inexplicablemente ocupan puestos de responsabilidad. Ambos parecen estar en consonandica.

 

House, que ha pedido un vaso con hielo y ha contribuido a que la botella descienda considerablemente, está sentado en una silla con las piernas estiradas en otra que ha tomado ‘prestada’ de la mesa de al lado. Nos cuenta lo que le dice siempre a la gente de su equipo médico:

 

- “La naturaleza de la medicina hace que si la cagas alguien la palme. Si no podéis asumirlo, escoged otra profesión”

 

Así es el dr. Gregory House, directo, cortante. No se guarda nada en el tintero hasta el punto de resultar cruel, desagradable y de tener un auténtico master en comentarios fuera de lugar. Su falta de tacto en el trato con las personas contrasta con la esencia de su profesión, la medicina. Profesión que, a diferencia de alguno de los médicos de su equipo en el Hospital Universitario Princeton-Plainsboro de Nueva Jersey, House no desarrolla por su deseo de salvar vidas. Ni tampoco es médico por este motivo. Cada vida que salva este genio de la medicina es la consecuencia –y no la causa- de su ego. Se toma las complicadas patologías de sus pacientes como un reto, como un acertijo del destino. Eso es para él lo atractivo de su profesión:

 

- “Somos médicos para tratar enfermedades. Tratar pacientes es el inconveniente de esta profesión”

 

House es un tipo que, al igual que Tony o Draper, esconde. Esconde que quiere a algunas, pocas, personas de sus círculo. Quiere a su amigo el doctor Wilson, por más que le putee continuamente. “Si tienes algún problema conmigo, atájalo. ¡Hazme alguna putada, hombre!”, le suele decir a Wilson. También quiere, ama, a la que ha sido y es la mujer de su vida, la directora del hospital, la doctora Cuddy. Pero House, al igual que Draper o Soprano, tienen una compleja manera de demostrar su aprecio a quienes les rodean. Estos tres hombres que tengo ante mí, embutidos en su coraza, poseen una alta capacidad para dañar a quienes quieren por el simple y mero hecho de resultarles imposible decir ‘te quiero’. Ellos viven enterrando continuamente esta realidad, creando una nueva, paralela, ficticia. Ellos, pues, terminan siendo hombres de muchas mujeres, y a muchas de ellas las tratan con desdén. Tony Sorpano, con el puro en la boca y una gran sonrisa presume de su visión de las mujeres con una metáfora sobre la conversación mantenida por un padre toro y su hijo:

 

- “Desde lo alto de una colina miran a un grupo de vacas y el hijo mira al padre y le dice: ‘¿Por qué no bajamos corriendo y nos follamos a una?’. El padre contesta: ‘¿Por qué no bajamos andando y nos las follamos a todas?’”.

 

- “A mí las chicas no pueden abrazarme mucho rato porque les pago una hora”,

Comenta House para quien la mujer ideal sería aquella que careciese de lóbulo temporal en el cerebro: “El lóbulo temporal controla el habla, el oído y la memoria. Si pierde todo eso, será la mujer ideal, pero por lo demás…”

 

- “Vamos a tomárnoslo con calma, si no quieres despertarte embarazada”, dice entre risas Draper que le soltó a una de sus pasajeras conquistas.

 

- “¡Por las mujeres! No se puede vivir con ellas. Ni matarlas y decir que se han ido de strippers a Atlantic City”. Propone House como brindis.

 

Aunque parece que al duro de Don el Whisky le está ablandando el carácter, se torna reflexivo: “Nostalgia es una palabra delicada, pero potente. En griego, ‘nostalgia’ significa literalmente ‘dolor de una vieja herida’. Es una punzada en tu corazón más poderosa que la memoria”.

 

El resto callamos, bebemos y miramos. Don es elegante incluso cuando los ojos se le enrojecen a causa del exceso de alcohol. Peinado con la clásica ralla, su estilo es de esos que permanecen durante toda una eternidad sin convertise jamás en algo pasado de moda.

- “La vida es demasiado larga si estas solo.” Aseveración que bien saben los otros dos entrevistados. Guardan silencio. El humo del puro de Tony se cuela entre nuestras caras. “Somos defectuosos porque queremos demasiado”. Bebe. Saca un paquete de cigarrillos, Lucky Strike –cómo no-. Tony le da fuego. “Es tu vida. Nadie sabe cuánto va a durar, pero sabes que no va a acabar bien. Tienes que moverte hacia adelante… tan pronto como descubras lo que eso significa”. Y por eso, el resume así su día a día: “Vivo como si no hubiera mañana porque no lo hay”.

 

Es Donald Draper en estado puro. La tarde cae, la botella se va vaciando. La conversación empieza a tomar un cariz más distendido y comienzan a florecer las anécdotas de unos y otros. Entra un chino al bar y Tony se ríe de aquellos que sostienen que los chinos fueron los verdaderos inventores del spaguetti:

 

- “Piénsalo: ¿cómo iba a inventar gente que come con palillos algo para lo que necesitas tenedor?”, dice.

 

Gregory habla de su equipo, de Chase, del ‘negro’ Foreman, de las “macizas” del hospital… El estilo de House a la hora de desarrollar su trabajo deja muy sorprendidos tanto a Tony como a Don; lo cusl no deja de ser significativo tratándose de un capo de la mafia y de un ambicioso publicista. House presume:

 

- “No soy el único de mi equipo, pero en mi equipo soy único”

Se queja de que en el hospital valoren más ciertas normas éticas y de protocolo que el resultado final de sus diagnósticos. Cuenta que a sus pacientes les dice: “¿Preferiría un médico que le coja la mano mientras se muere o uno que le ignore mientras mejora? Aunque yo creo que lo peor sería uno que te ignore mientras te mueres…”. Si alguno de sus colegas del Princeton-Plainsboro le reprocha algo también es contundente:

 

-“Resulta que tus opiniones no dan buenos resultados. Te aconsejo que uses las mías”.

Y es que si algo hay irrefutable en House son sus resultados, no así sus formas: “¿Sigue siendo ilegal hacerle una autopsia a alguien vivo?” preguntó en una ocasión a Cuddy con la intención de obtener permiso para parar el corazón de un paciente. Y si sus formas en la praxis médica no son las más adecuadas o convenientes, tampoco House destaca por el correcto trato con los pacientes:

 

- “La vida es un asco y la suya es peor que otras. Aunque las hay peores, lo cual también es deprimente”. Le dijo una vez a un paciente paralítico para ‘animarlo’. En otra ocasión, tuvo que comunicar a otra paciente su embarazo: “Tiene uno de esos parásitos que salen a los nueve meses. Normalmente las mujeres se encariñan con ellos, les compran ropitas, les llevan de paseo y les limpian el culo”.

 

- “No entiendo de ética, pero tengo normas.”, le responde Tony a House. “Solo jodemos al que merece ser jodido”, recita Tony como una de sus máximas. Y cree que para exigir respeto, hay que merecerlo:  ” El que pide respeto , ofrece respeto”, sentencia.

 

- “¿Quieres respeto? Ve fuera y consíguelo por ti mismo”, apostilla Don, quien hace de esta frase un estilo de vida. “Un caballero no hace lo que quiere ni lo que siente, hace lo que debe.”

 

Dejo mi grabadora encendida durante unos minutos más antes de apagarla, guardarla y seguir bebiendo con estos tipos. La luz roja de grabación logra captar en ese tiempo algunas perlas que, en cierto modo, bien definen a estos hombres:

 

- “Los que pagan impuestos también pagan por seguridad en los aeropuertos y mira lo que obtienen a cambio” comenta Tony Soprano sobre el fraude fiscal. “No pagaré, sé demasiado sobre extorsión”, se jacta.

 House aplaude la postura de Tony contra el afán recaudatorio de los gobiernos: “Si quieres que la gente conduzca mejor, quita los airbags y pon un machete apuntando al cuello, nadie pasará de diez por hora”. Comenta. Después abre uno de sus temas preferidos, la religión. A  Tony le hacen gracia las reflexiones de House. Tony, como buen mafioso de origen italiano es católico; eso sí, más de cara a la galería que otra cosa:

 

- “¿Y cuáles son los parámetros de nuestra fe. ¿Debo seguir ciegamente a Dios y creer que él lo hace todo por mí? ¿Acaso Dios no existe en absoluto y todo depende de mí? ¿Existe un término medio? Tal vez Dios me creó para pensar por mí mismo? Pero si ese es el caso, ¿Dios interviene en la vida en absoluto? Si es así, ¿cómo?…”,expone con mucha ironía House. Sigue: “Puedes tener toda la fe que quieras en lo espíritus, en la vida después de la muerte, en el cielo y el infierno, pero cuando se trata de este mundo, no seas un idiota. Porque me puedes decir que tú pones tu fe en Dios para superar cada día, pero cuando llega la hora de cruzar la calle, yo sé que miras a ambos lados.”

 

Y concluye: “La religión es un síntoma de creencia irracional y esperanza infundada. […] La gente reza para que Dios no los aplaste como insectos.”

 

Sobre esto, sobre la esperanza en algo, Don recoge el guante y afirma:

-“Nuestro alma y nuestros sueños, para no morirse, deben renovarse.”

 

Y así cae la tarde en esta céntrica taberna de Madrid. Hace tiempo que las luces ya están dadas. Hay quien propone cambiar de local, buscar algún otro donde seguir bebiendo y donde la compañía femenina sea más y mejor. Así son estos tres hombres. Tan diferentes por fuera, tan iguales por dentro. Narcisistas como estilo de vida y como defensa ante la realidad. Con la imperiosa necesidad de compartir sus vidas con alguien, pero sin la capacidad de saber cómo hacerlo. Eso sí, los tres son tres personajes sin igual, irrepetibles, antihéroes con tal atractivo que todos terminamos envidiándo. Tony Soprano, Donald Draper y Gregory House.

 

La propuesta para seguir la farra está cobrando cuerpo. Mientras nos levantamos de la mesa hace acto de presencia -con los ojos rojos, desaliñado, sin afeitar, con una sonrisa que dibuja bien la estupidez del que ya va ebrio y con una lata de cerveza en la mano- quien debía haber sido mi cuarto entrevistado: el detective de Baltimore Jimmy McNulty. Elevando esa cerveza nos grita: “Tenía tantas malditas ilusiones para nosotros…”

 

THE END

 

 NOTA DEL AUTOR: Esta es una entrevista ficticia dado que los entrevistados son personajes ficticios protagonistas de las exitosas series ‘Los Soprano’, ‘Mad Men’, ‘House’ y ‘The Wire’. TODAS LAS FRASES DE LOS ENTREVISTADOS SON ORIGINALES por eso se resaltan en negrita, cursiva y van entrecomilladas. Han ido apareciendo en los capítulos de cada una de las series.

 

 

 

 

 

URL simplificada: http://www.puntoencuentrocomplutense.es/?p=27315

Publicado por en junio 7 2012. Archivado bajo Con nombre propio, David Redondo, Entrevistas PDE, General, Más cultura, Televisión. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

2 comentarios por “Entrevista conjunta a Tony Soprano, Donald Draper y House en… Lavapiés”

  1. Me encanta!! Muy currado y chulísimo. Juro que los veia sentados en un bareto de Madrid. Enhorabuena

  2. Lo he leído “del tirón”. Me parecía estar sentado en la mesa de al lado, envuelto en esa atmósfera que sólo ciertos legendarios titanes son capaces de crear. Aunque, evidentemente, en este caso es a ti a quien los titanes han de agradecer dicha atmósfera.

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