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Cesc Fàbregas, el éxito de la humildad aprendida en la derrota

“Yo sólo soy un jugador de fútbol”, Cesc Fàbregas

 

David Redondo. (@Dr_Redons) –Reportaje 15/07/2012

La imagen de Casillas pidiendo al linier de la final de esta última Euro la conclusión del partido en señal de respeto para un equipo como Italia, tetracampeona del mundo, es un detalle muy distintivo de un equipo que ha entrado en la historia del fútbol por el qué y por el cómo. Por lo que han conseguido y por la forma de conseguirlo.

Un equipo, el español, que desborda talento en cualquiera de sus líneas siendo pura humildad y respeto. Desde el capitán que pide que finalice un partido para no humillar más al rival hasta la decencia que tienen de esperar al equipo derrotado para felicitarle por su pundonor –sea Francia, Portugal o Croacia-, pasando por ese grupo de suplentes que no han dado ni un problema al míster. Un grupo de jugadores, personas, encomiable que han mostrado al mundo entero cómo es eso de saber ganar.

Y quizá sepan ganar porque este equipo se forjó en la derrota. Este equipo ancla sus raíces en la dolorosa derrota contra Francia en el Mundial de Alemania, en 2006. Entre los titulares en esa noche del 27 de junio estaban Casillas, Xavi, Alonso, Villa, Puyol y un jovencísimo Cesc Fàbregas que apenas contaba con 18 años y un mes.

Cesc se retiró del partido llorando, desconsolado y con rabia. Como a un niño al que le roban su juguete preferido, al que le rompen la ilusión. Volvió a revivir la sensación de cinco semanas antes cuando perdió su primera final de Champions contra el Barça en París.

Cesc aprendió a ganar perdiendo. Aprendió que las cosas valiosas de verdad hay que sudarlas y sufrirlas y que nada de lo que merezca la pena puede conseguirse sin dificultades.

 

Aprendió a sobreponerse, a tirar hacia delante con humildad, el rasgo más característico de este chico que con 16 años entrenaba con los mejores jugadores de la Premier League de aquel entonces.

 

Siempre supo en quien confiar; y confiar supone humildad. Humildad para admitir los errores, para dejarse aconsejar y humildad para mostrarse sincero con aquella gente que sobraba en su vida, en la vida de un futbolista en la que el éxito le circunda.

 

“Confío en Cesc”

Estas tres palabras de Vicente Del Bosque durante la última Eurocopa son quizá las tres palabras que puedan decir todos los entrenadores que han tenido a sus órdenes a este catalán que con 25 años cuenta 67 internacionalidades y con dos de estos torneos europeos y un Mundial.

En él depositó su confianza Arsene Wenger para que liderase al mejor equipo de Londres y un equipo histórico de Inglaterra y Europa como es el Arsenal. Esa apuesta la hizo cuando Cesc no contaba ni con una veintena de años. Con humildad y valor, Cesc supo aceptar el reto. Y la humildad viene marcada por la ambición continua de ganar, de hacer de su grupo de compañeros un equipo mejor. Pero también por los malos momentos, momentos en los que Cesc se preguntaba a sí mismo si él era el líder que necesitaba ese equipo. Para su entrenador esa duda no existía. Los números tampoco dejan lugar a la incertidumbre. En las 7 temporadas que Cesc estuvo en el Arsenal jugando como centrocampista marcó 57 goles y dio 81 asistencias.

Entre tanto, los distintos seleccionadores también han confiado en él. Los de las Selecciones inferiores, por supuesto. Los de la Absoluta, también.

El primero que lo hizo fue Luis Aragonés. Lo convocó por primera vez en marzo de 2006, con 17 años. Ese mismo año Luis lo llevó al Mundial de Alemania.

Siguió confiando en el joven Cesc dos años después. Y junto a los Iniesta, Silva, Xavi… basó su esquema de toque y posesión. La sublime semifinal de Cesc ante Rusia y la lesión de Villa llevaron a Luis a confiar en él como uno de los 11 jugadores titulares que debían disputar la final contra Alemania.

Con Del Bosque ha sabido también ganarse un hueco. Le costó hacerse valer en Sudáfrica. Sin embargo, cuando la partida de póker estaba en su momento más crítico, Vicente entendió que había que fiar el partido en jugadores en los que cualquier entrenador puede confiar. Cesc salió y asistió a Iniesta dejándolo solo delante del portero holandés para que el manchego marque el gol más importante de la historia de nuestro fútbol.

 

El reto de repetir triunfo en la Euro de 2012 se antojaba un desafío a la Historia. Del Bosque hizo de Cesc protagonista al reinventarlo –tal cual hizo Guardiola – como falso nueve. Durante todo el torneo Fàbregas mostró la pasta de la que está hecho: ambición al servicio del equipo. Las ganas de jugar de titular las reprimía con una fuerte dosis de disciplina y concepto de equipo y compañerismo.

 

En las semis ante Portugal, de nuevo en un momento crítico, pidió lanzar el penalti decisivo, como ese 22 de junio de 2008 frente a Italia. De nuevo no falló. Vicente sabía que en Cesc podía confiar.

En la final volvió a ser titular, como en Viena cuatro años antes. Y dio la asistencia, como en la final de Sudáfrica, del gol que abrió el marcador. Del Bosque no se equivocó confiando en él.

 

¿Y Guardiola?

Sólo Cesc sabe la confianza que Guardiola depositó en él. Los esfuerzos del técnico catalán para que su fichaje se llevase a cabo, las reuniones secretas que mantuvieron para poder hacer que el Barça contase con uno de los mejores centrocampistas del mundo.

Y Guardiola confió. Cesc tan sólo ha jugado en el Barça 10 partidos saliendo desde el banquillo (VER ESTADÍSTICAS OFICIALES). 38 han sido los disputados de titular, entre ellos todos los más importantes de la temporada. Cuando Guardiola tenía que elegir a sus 11 hombres, Cesc era uno de ellos.

Si lo comparamos con Xavi o Iniesta, dos mitos del Barcelonismo de los últimos años, Xavi sólo jugó nueve partidos de titular más que Cesc (47) e Iniesta tres (41).  Ha marcado 15 goles y ha dado 11 asistenias (In iesta 8 goles, 10 asistencias; Xavi 14 goles, 9 asistencias). En su primer año en el que dicen que es el mejor equipo de la historia, Cesc Fàbregas ha sido el segundo máximo goleador del equipo tras Messi y el tercer asistente tras Messi y Alves. Por eso Pep confió en él.

Aún así, Cesc siempre se mostró inconformista, siempre ha creído que es capaz de más. Con humildad, con trabajo, con tesón. Ese ha sido su camino hacia el éxito.

Cesc ha huido de la prensa. No le gusta la falsedad que rodea a ese mundo, no le gusta la ostentosidad. Su frase más repetida es “yo sólo soy un jugador de fútbol”.

Cesc aprendió a ganar perdiendo, sufriendo. Sólo él, su familia y sus verdaderos amigos saben lo que este chico ha sufrido y ha tenido que sacrificar para llegar hasta donde ha llegado. Por eso Cesc no entiende de cimas, por eso quiere seguir escalando. Humildemente, sin ruido. Paso a paso, aprendiendo de los mejores.

Y con mucha humildad. La humildad de un chico que tras el éxito sigue queriendo rodearse únicamente de familia y amigos. De un chico que mide mucho a quién llama amigo.

Con esta mentalidad, con este lema de vida y sus números… ¿Qué entrenador no va a confiar en Cesc Fàbregas?

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Publicado por en julio 15 2012. Archivado bajo Análisis y Opinión, Con nombre propio, David Redondo, Deportes, Fútbol, General. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

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