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El caso Armstrong: la precaución contra el prejuicio

Daniel Uclés (@daniel_u2_) – Análisis

La sombra del dopaje es alargada. Lo es en la medida en que puede llegar a salpicar una gloriosa etapa culminada hace siete años. Se trata de un espectro que no descansa, una bomba de relojería sin cronómetro que puede estallar en cualquier momento, sin que nadie pueda preverlo. Y como bomba que es, puede afectar a cualquiera que haya tonteado en sus cercanías. Es lo que le está sucediendo al americano Lance Armstrong, ganador de siete Tour de Francia y dedicado en la actualidad al extenuante Ironman.

Acusaciones de la USADA

La noticia estalló el pasado 15 de Junio, asaltando las redes sociales con una celeridad imparable. La Agencia Antidopaje de Estados Unidos (USADA) declaró su intención de presentar cargos formales contra el ciclista norteamericano. El principal combustible de la sospecha son unas muestras de sangre recogidas por la USADA durante los años 2009 y 2010, época en la que Armstrong había vuelto a la carretera tras su ausencia profesional durante cuatro años. De acuerdo con los análisis realizados por la agencia, la sangre podría haberse manipulado a través de tranfusiones con EPO. Además de estas pruebas físicas, la Agencia afirma estar en disposición de presentar testigos que podrían afirmar de forma fehaciente el dopaje sistémico de Armstrong y la implicación de cinco de sus compañeros de equipo, incluídos el director Johan Bruyneel y el médico italiano Michele Ferrari.

Desde su retirada, Armstrong ha arrastrado una enorme variedad de calumnias procedentes de diversos frentes. Antiguos compañeros como Floyd Landis o Tyler Hamilton no han reparado en saliva a la hora de intentar contaminar la extraordinaria trayectoria del norteamericano. El cinismo de tales afirmaciones se acentúa al proceder de ciclistas que en su día no tuvieron ningún reparo en echar mano del doping para mantenerse en primera plana del pelotón internacional. Sin pruebas concluyentes que demuestren fuera de toda duda la culpabilidad de Armstrong, bombardear de esa forma a un ciclista que dio negativo en todos sus controles antidopaje es de una bajeza que roza las perversiones humanas más repugnantes.

La necesidad de la máxima cautela

A pesar de la comprobada inocencia hasta el momento, algunos no han dudado en empezar a cargar la escopeta, deseosos de empreder el linchamiento que siempre rezuma tanto morbo. Cómo afirma el propio Armstrong, se trata de “acusaciones desacreditadas” que corren el riesgo de invadir la presunción de inocencia aplicable a cualquier ser humano, sea ciclista, atleta, abogado o primer ministro. Sólo el tiempo y un proceso exhaustivo y diligente podrá condenar lo que hasta ahora no es más que rumorología pretenciosa.

El caso puede llegar hasta un nivel de decibelios a la altura de históricos escándalos que dejaron herido de gravedad al mundo del deporte. Atletas que llevaban colgados el cartel de ídolos nacionales sucumbieron ante la tentación del dopaje, quedando relegados a una situación ignominiosa, abandonados en el vertedero del deporte. Así sucedió con el velocista canadiense Ben Johnson en los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988 o con la americana Marion Jones en Sidney 2000. La ligereza y frivolidad con la que se ha llegado a tratar el asunto de Lance Armstrong puede suponer un riesgo irreversible para el ciclismo. Es a un siete veces ganador del Tour de Francia a quién se está lanzando dardos como si el desastre ya se hubiera consumado. Casos de este tipo exigen la máxima precaución tanto en la esfera profesional como en la charla de bar más superflua que pueda darse.

En este sentido se ha manifestado uno de los gregarios más fieles de Armstrong durante toda su carrera. Para Chechu Rubiera, el escándalo alimentado en torno a la figura de Armstrong “no debería ser noticia”. Para el asturiano, las lenguas viperinas que proclaman el fin de la figura de Armstrong no tienen argumentos a mano para sostener su postura. “De esto se ha hablado muchas veces. Ya está bien de que se le siga difamando. No sé por qué seguimos haciéndole el juego a la gente que sigue arrojando dudas sobre el ciclismo”.

La espera de la resolución

El futuro inminente depara una tensión absoluta, pero al mismo tiempo exige una mesura directamente proporcional al caso al que se refiere. La disponibilidad de un juicio libre nos hace dueños de nuestras opiniones, y todas ellas deben escucharse y respetarse en la medida de lo posible. Sin embargo, la tendencia al paroxismo en estos casos, al extremismo desatado, es tan habitual como peligroso. En este sentido, la verborrea que se ha desatado precede a unos vientos que prometen desestabilizar una vez más al ciclismo. Lo que es evidente e indudable es que será la justicia quien dictará si Amstrong es culpable o inocente, si sucumbió a la tentación o por el contrario es el superhombre que arrasó en Francia durante siete años consecutivos. Hasta entonces, sólo cabe esperar y tomar el asunto con la consideración y la prudencia que merece.

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Publicado por en julio 8 2012. Archivado bajo Ciclismo, Deportes, General. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

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