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Edward Hopper, el pintor que quiso ser director

EXPOSICIÓN EN EL MUSEO tHYSSEN BORNEMISZA: Edward Hopper

De martes a sábados abierta hasta las 23.00 .Del 12 de junio al 16 de septiembre de 2012

Alejandro Pinacho (@a_Pinacho) .- Reportaje (20/08/2012)

Las influencias en el cine es uno de los temas habituales y recurrentes dentro de las conversaciones de cinéfilos. Atribuir la creación de un estilo, la tendencia de un determinado uso de la cámara o la elección de un plano en concreto, son objeto de discusión interminable. Algunos comentarios son puramente infundados, por supuesto, y otros sin embargo son innegables. La pintura, como otras tantas artes, bebe de las influencias del pasado, nace como una respuesta a autores predecesores y es a su vez una fuente de inspiración para generaciones venideras. La pintura es el fiel reflejo de todo cuanto han vivido sus autores. Un cuadro es una herencia de la propia experiencia, y la de Edward Hopper ha estado siempre vinculada al cine. La obra de Hopper es una declaración de amor al séptimo arte, y éste supo corresponderle con homenajes a sus propias pinturas. Directores como Alfred Hitchcock, Howard Hawks, Terrence Malick, David Lynch, Wim Wenders, Sam Mendes o Woody Allen son algunos de los nombres que en algún momento de su vida se deleitaron con la obra de un pintor que se refugiaba en la oscuridad de una sala de cine para encontrarse con la inspiración.

Desde el 12 de junio y hasta el 16 de septiembre, tenemos la oportunidad de disfrutar en el Museo Thyssen-Bornemisza de una de las colecciones más interesantes para los amantes del mundo del cine.

No es necesario tener conocimientos previos de pintura, ni de cine, para contemplar sus obras y comprobar la aportación mutua entre los dos artes. Sus cuadros reflejan situaciones que hablan por sí solas. Transmiten la necesidad de descubrir la historia que esconden y al igual que en el cine, dar respuesta a los interrogantes de las vidas de sus personajes.

Edward Hopper nunca negó su pasión por el mundo del espectáculo y era entre butacas y proyectores donde se reconciliaba con su musa. Su cinefilia le hizo interesarse por estos espacios vinculados a las plateas que así se reflejan en buena parte de sus cuadros.

 

Un pintor cineasta

La indudable afición de Edward Hopper por el cine le hizo imprimir un carácter argumental palpable a cada uno de sus cuadros. Observando sus pinturas extraemos relatos, escenas que podrían integrarse dentro de un fotograma o completar cualquier storyboard. Las obras de Hopper se entienden como fragmentos de una película, como instantes que tienen un antes y un después. Es el observador o espectador quien reconstruye esa escena, quien debe escribir las respuestas. Son sus personajes los que mayores interrogantes plantean, ¿cómo les ha tratado la vida?, ¿en qué piensan?, ¿a dónde están mirando? Es precisamente el fuera de campo otro de los elementos cinematográficos impregnados en cada cuadro de Hopper.

 La melancolía con la que son retratados los personajes, la desolación y desamparo que les rodea, la incomunicación evidente de sus parejas…Parejas que no se miran y que tampoco tienen intención de hablarse. Mujeres abocadas a la soledad y hombre ensimismados en sus propios pensamientos. Personas desoladas y escenas en las que la espera pesa tanto como el propio tiempo. Todos esconden una historia detrás y crean una inquietante necesidad de querer entenderles.

 

No solo son los protagonistas de sus cuadros, concretamente mujeres, los que dotan al lienzo de esa atmósfera característica que reduce distancias entre el lienzo y el proyector. Parece no ser casual el punto de vista desde el que se observan las escenas, como si hubiera esperado a la luz del día apropiada para pintar, como si hubiese reconstruido la escena a su gusto en un minucioso trabajo de dirección artística. Este magnetismo que desprenden sus escenas se apoyan en estos elementos, pero no son los únicos de los que se sirve. Trucos cinematográficos como la combinación de exteriores con interiores, la ubicuidad continua de la cámara o la explotación tan acertada que hace de la profundidad de campo son los que despiertan un interés sugerido totalmente intencional. Su modo de aproximarse a la realidad se acerca más al de un director. A la de un observador, la de un intruso, la de un voyeur. Una mirada indiscreta, que observa desde la distancia sin que sus protagonistas se percaten de nada. Hopper se asoma a habitaciones de forma intrusiva, aprovecha la ausencia de cortinas y retiene todo cuanto le rodea.

 

Nighthawks y el cine negro

Reconocida es su admiración hacia el cine criminal y el relato The Killers de Ernst Hemingway en el que se relata la agónica espera de un boxeador a dos asesinos a sueldo. Esta historia sirvió como inspiración para crear uno de sus cuadros que mejor recrean su característica estética: Nighthawks (1942).

 

El estilo del noir envuelve Nighthawks. Dos calles que se cruzan en una esquina en la que observamos desde fuera el interior de una cafetería. Un camarero atiende a sus tres únicos clientes que disfrutan de su taza de café. Una mujer pelirroja con vestido rojo contempla sus uñas acompañado de un hombre que apura su cigarro con la mirada perdida. El otro nos da la espalda pero no dejamos de observar su impecable traje oscuro y sombrero gris, vestimenta idéntica que la del otro caballero y el atuendo habitual de los gánsteres. Un refugio dentro de la perturbadora e inquietante tranquilidad de las calles. Inconfundible estética y ambiente del cine negro y la época de la Gran Depresión. Para lograr ese ambiente noir en su obra, sabemos que se nutrió de directores como Fritz Lang Murnau y de buena parte de la filmografía de gánsteres como Hampa dorada (Marvin LeRoy, 1931); Scarface, el terror del hampa (Howard Hawks, 1932); Días sin huella (Billy Wilder, 1945); La dama de Shanghai (Orson Welles, 1947) y otros títulos como Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1952), la cual consideraba como lo mejor que había creado Hollywood hasta la fecha. Películas que le sirvieron de referencia para crear obras posteriores a estas, y de las que se valieron otros cineastas como punto de partida.

 

Como veremos en los siguientes ejemplos, comprobaremos cómo los elementos cinematográficos de Hopper, sirvieron de inspiración para producciones de la gran pantalla. La tristeza de sus personajes, los juegos de luz y encuadre, la composición de las escenas, el intrusismo del plano, su fuera de campo, sus recreaciones urbanas…Su obra de algún modo supuso una trascendencia que fue más allá de la pintura y del propio cine.

ALFRED HITCHCOCK

URL simplificada: http://www.puntoencuentrocomplutense.es/?p=30720

Publicado por en agosto 20 2012. Archivado bajo Arte, Cine, General, Más Cine, Más cultura. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

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