|

Victorias amargas: el éxito en los despachos

Daniel Uclés (@daniel_u2_).- Reportaje (28/1/2013)

El Tribunal Supremo confirmó el 11 de diciembre la anulación de la sanción a Roberto Heras por su positivo en la etapa 20ª de la edición de 2005 de la Vuelta Ciclista a España. La decisión supuso el retorno del título a la vitrina de Heras, después de siete años de custodia por parte del ruso Denis Menchov, segundo en la competición y beneficiario de la suspensión impuesta a Heras tras dar positivo por consumir EPO. En ciclismo, por desgracia, el palmarés de los ciclistas engorda y adelgaza a ritmo de sentencia judicial, en la gran mayoría de ocasiones varios años después de que el ciclista sancionado levantara los brazos en el podio, henchido de orgullo y satisfacción personal.

Triunfos sin gloria

Andy Schleck, vencedor del Tour de Francia de 2010 tras el positivo por clembuterol de Alberto Contador, definió en unas pocas palabras el sentimiento del vencedor tardío: “No hay ninguna razón para estar feliz ahora”, afirmó el luxemburgués. Quizás porque la felicidad es lo que se siente en el momento en el que suena el himno de tu país, cuando desde el escalón más alto miras a la muchedumbre que te admira y te aclama, y piensas en el enorme sufrimiento por el que has pasado hasta llegar allí. En contraste con ese escenario se encuentra la austeridad emocional de una simple llamada telefónica de un abogado, anunciando la victoria reasignada por el juez.

Cuando esto sucede, es significativo comprobar cómo la atención se desvía hacia el sancionado, más que hacia el nuevo vencedor. Apenas recordamos a quiénes irían a parar los siete tours de Armstrong en caso de que la UCI hubiera decidido seguir pasando lista. El asunto rebosa morbosidad y a veces se produce un linchamiento contra el acusado, pero ya no somos capaces de reconocer el mérito del olvidado segundón, llámase Andy Schleck, Denis Menchov, o Roberto Heras, para quienes, exceptuando la sensación de que se ha hecho justicia, no hay recompensa digna de igualarse a la gloria y el reconocimiento inmediatos.

Casos en atletismo

Para plasmar gráficamente el valor que supone un triunfo firmado en un despacho, valdría la pena realizar una encuesta popular en la que se preguntara por la identidad de Ekaterina Thanou, atleta griega que logró el oro en los 100 metros lisos de los Juegos Olímpicos de Sidney. Pero no lo logró en el tartán, donde Marion Jones, eterna maldita del deporte mundial, se bañó con los gritos de adoración del público australiano y mundial, el mismo que más tarde la odiaría hasta apartarla al más absoluto ostracismo público, una vez reconocido el uso de sustancias dopantes en todas y cada una de sus victorias. Tampoco cosecharía grandes resultados de popularidad el nombre de Pauline Davis, segunda en los 200 metros de aquellos Juegos, también por detrás de Jones.

El calciopoli y el Inter

No sólo el dopaje ha sido el desencadenante que ha provocado que los títulos migren de unas manos a otras. El amaño deportivo y los arreglos arbitrales fueron los protagonistas de uno de los escándalos futbolísticos más sonados de los últimos tiempos. El calciopoli, que fue como se denominó a la designación planeada de árbitros en la Seria A italiana, con el objetivo de favorecer a unos cuántos equipos, entre ellos Milan, Inter, Fiorentina y Lazio, sacó a la luz llamadas telefónicas por parte de directivos de estos equipos a instituciones arbitrales para recibir arbitrajes favorables. Los cuatro equipos fueron duramente castigados, en especial la Juventus de Turín, que cayó en el abismo de la Serie B y fue penada con 30 puntos, además de una multa de 120.000 euros. Fue desposeída de los títulos logrados en las campañas 2004/2005 y 2005/2006, que recayeron en el Inter, equipo que se mantuvo al margen de la trama de corrupción arbitral.

En todos los casos mencionados hay un denominador común que mueve las investigaciones y busca un dueño adecuado del título que queda huérfano: la justicia. Si un ciclista o un atleta se dopa, es justo que el título pase a su inmediato predecesor. Si un escándalo de corrupción salpica al primer clasificado de una liga, es lógico que el trofeo pase al segundo en la tabla. Sin embargo, la justicia tardía desprovee a estas victorias de todo glamour, pues se establece por medio de procedimientos pasivos que en la mayoría de casos tarda varios años en restablecer el honor de los implicados. Y lo más perjudicial de todo: centra la atención en el tramposo y priva de las emociones del éxito al beneficiario de la sanción. Al menos queda el alivio de la trampa destapada.

URL simplificada: http://www.puntoencuentrocomplutense.es/?p=38787

Publicado por en enero 28 2013. Archivado bajo Deportes, Fútbol, General, Polideportivo. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

Publicar una respuesta


dos − = 0

Comentarios recientes

  • Carlota LR: Yo estuve en una de esas clases y me parece de los mejores métodos para aprender. Lo que veo en los...
  • alejandro: 80 euros le cuesta a una familia de “clase media” por lo bajo… Muy por lo bajo amigo...
  • jose: estela reynolds fue en enero de los años 2008 y 2012 y sergio arias fue en mayo de los años 2004 y 2012: están...
  • Waqanki: Buen artículo. En cuanto a los posibles diagnósticos que manejas: la esquizofrenia es una psicosis. Algunos...
  • Rosa María Mateos amador: Yo vi la actuación de Pedro Ruiz el día 19 del presenté mes. Y como siempre…. No hay...