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España no necesita elecciones anticipadas

Alberto Cañas de Pablos (@AlbertoCdP)

Ya está bien. Ya basta. No hace falta que celebrar ahora unos comicios adelantados. Eso no es lo que España necesita, teniendo en cuenta su situación actual. Sus consecuencias, tanto políticas como económicas, podrían ser devastadoras para nuestro maltrecho país.

Lo que en realidad ocurre es que España necesita más. No sé si lo merece, pero lo necesita, eso seguro. Tenemos que empezar de cero. Todos. Parece manido, pero no por ello deja de ser cierto: la crisis española no es solo económica, sino también política y moral. Y unas nuevas Cortes serían exactamente igual de útiles que como son hasta ahora.

Dado que los cambios morales en una sociedad son bastante complicados (aquello de la ingeniería social no está muy bien visto), será mejor centrarse en la parte política, empezando por el principio de los tiempos: la sacrosanta Transición (eso de la República, la Guerra Civil y la Dictadura parecen cuentos chinos que no han existido jamás). Siempre nos han vendido que la Transición fue ejemplar y pacífica. Que no podía haberse hecho de otra forma. Que no puede ser criticada.

Ya está bien. Ya basta. La crisis económica era aterradora, y eso que la durísima reconversión industrial estaba por llegar. Algunos años, ETA mataba, de media, a una persona cada tres días. El Rey alabó los valores y actos de Franco y del Movimiento Nacional. Precisamente de ese Movimiento Nacional provenía el santificado Adolfo Suárez. El PSOE sólo resucitó de sus machacadas y casi inexistentes cenizas gracias a los marcos alemanes provenientes del SPD de Willy Brandt. El PCE, con Santiago Carrillo a la cabeza, renunció a una aspiración mínima: la República. Claro que eran tiempos duros en los que un sistema republicano era una utopía, pero en Italia se celebró un referéndum justo después de veintitrés años de dominio del Partido Fascista y tras esa leve escaramuza llamada Segunda Guerra Mundial. ¿Tan difícil era que la Constitución recogiese el establecimiento de un referéndum dentro de los cinco (1983), o diez (1988), o quince años (hablaríamos ya de finales de 1993) siguientes a la aprobación de la Constitución, por ejemplo? Una pétrea Carta Magna que no ha sabido adaptarse a los cambios políticos y sociales de los últimos 35 años y que tan solo se ha retocado dos veces para permitir el sufragio pasivo de los ciudadanos de la Unión Europea (1992) y para que el equilibrio presupuestario se convirtiese en prioridad del Estado (2011). Jueces y otros servidores públicos, provenientes de la época del franquismo, no juraron lealtad al nuevo sistema.

Las consecuencias del texto fundamental persisten hasta hoy. Una monarquía anclada en el pasado, cuya cabeza acude invitada (¿a cambio de qué?) a una cacería en Botswana en mitad de la tormenta económica más importante que ha afrontado el país en décadas. Una ley electoral injusta que infrarrepresenta a las zonas urbanas, las más pobladas. Un sistema de Comunidades Autónomas ineficaz e incontrolado que contiene unas Diputaciones provinciales de dudosa utilidad. Sólo una ley ha sido aprobada a partir de una Iniciativa Legislativa Popular en más de tres décadas. Sólo se han celebrado dos referéndums a nivel nacional una vez que se aprobó la Constitución: la permanencia en la OTAN y la Constitución Europea (texto que ni siquiera entró en vigor). Sueldos millonarios e innumerables cargos de confianza elegidos vía dedocrática. Políticos desconectados de la realidad, que con casi 6 millones de parados optan por bajar las tarifas del AVE “porque mucha gente nunca se ha montado” (sic) pero no duda en subir el precio de los billetes de metro, autobús y tren de Cercanías varias veces en un mismo año. Carentes de responsabilidad, sus errores paga el ciudadano de a pie: aeropuertos con vuelos escasos o inexistentes, radiales de peaje de Madrid a las que hay que salvar, sobredimensionamiento de unas televisiones autonómicas creadas en muchos casos para servir al interés político de unos pocos. Una élite que ni siquiera acepta preguntas en sus comparecencias (Rubalcaba hace tiempo que no lo hace, y Rajoy no habló ante la prensa para explicar el caso Bárcenas, sino ante sus correligionarios, y sus palabras fueron transmitidas por televisión en la sala de prensa de la calle Génova). ¿En qué clase de democracia los representantes del pueblo deciden no contestar a los periodistas, quienes deben grabar y escuchar a un busto parlante a través de una pantalla? ¿Pero esto qué es? Personas se supone que bien formadas cuyo único argumentario se basa en el “y tú más”. La calidad de los oradores parlamentarios es para echarse a llorar. Se dedican a leer palabras prefabricadas, sin improvisar respuestas certeras, o sencillamente no contestan a aquellos que les han preguntado. Basta ya de ese patio de guardería lleno de escaños soñolientos o simplemente ausentes.

Muchos de ellos acaban trabajando en las empresas que ellos mismos privatizaron, usando los contactos que adquirieron durante su etapa de gestores públicos y permitiendo que aquellos con antecedentes puedan dirigir entidades financieras. Indultos a kamikazes que causaron víctimas mortales o a ejecutivos del Banco Santander, entidad con la que oh casualidad, el PSOE tenía deudas. Esperan recibir confianza cuando, como si de Olimpiadas se tratase, sólo se acuerdan cada cuatro años de los ciudadanos y deciden cruzar más allá de Génova, 13 (Madrid), Ferraz, 70 (Madrid), Olimpo, 35 (Madrid), Córcega, 331-333 (Barcelona), o Sabin Etxea (Bilbao). Olvidan (su capacidad para la amnesia selectiva es asombrosa) que el cumplimiento de los programas electorales tiende a cero, ya sea aquel “Por el pleno empleo” de Zapatero en 2008 o el “+empleo, -impuestos” de Rajoy en 2011.

Ya está bien. Ya basta. Algunos hablan de regeneración política. Para que un vegetal pueda salvarse, hace falta que se regenere, claro. Pero quizá habría que plantearse acabar con la degenerada planta democrática para poder cultivar una enteramente nueva. Para mejorar estos asuntos, Valle-Inclán ya dio una idea hace cerca de un siglo. “Luces de Bohemia” fue publicada en 1920, cuando el turbulento siglo XX español estaba casi en pañales. El autor gallego aún no sabía nada de anticlericalismo, de caudillos, de “hablapueblohabla”, del felipismo, del GAL, del Prestige, de los EREs ilegales, de Gürtel… Pues bien, Max Estrella, el protagonista de la obra, lo dice muy claro en la escena V: hay que poner una guillotina eléctrica en la Puerta del Sol. Puede que él desease que fuese una cuchilla literal; no seré yo quien pida eso, pero hay que cortar de raíz estos comportamientos e inercias, guillotinarlos todos.

URL simplificada: http://www.puntoencuentrocomplutense.es/?p=39148

Publicado por en febrero 2 2013. Archivado bajo General, Opinión, Política. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

2 comentarios por “España no necesita elecciones anticipadas”

  1. Vaya repaso!! y en muchas cosas muy de acuerdo

  2. ¡Qué grande eres Alberto! Me ha encantado

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