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‘Invierno en el barrio rojo’: la puta que sufre de amor no correspondido

 

 

 

David Redondo (@Dr_Redons) .- Crítica 01/03/2013

Dos amigos cercanos a la treintena, que se conocen desde críos, que comparten piso en Nueva York. Estudiantes de Literatura. Son como el día y la noche. Dos amigos que, a medida que avanza la obra descubren que no lo son tanto. Es más, terminarán descubriendo que si han conseguido considerarse amigos tantos años y vivir como tal es porque el carácter de uno de ellos, Daniel (interpretado por Alejandro Botto), arrolla y humilla al carácter huidizo del otro, Matt (al que da vida Gonzalo de Santiago, que también adapta la obra).

Pero este es un aspecto por el que Adam Rapp, autor de ‘Invierno en el barrio rojo’ (2005), pasa de puntillas. No profundiza. Banaliza el maltrato emocional al que, con frecuencia somete Daniel a Matt. Porque la obra de Rapp gira en torno a una puta, a Christina (Aura Garrido) y a una historia de amor a tres bandas no correspondido.

Los dos amigos, en un viaje de ocio por Europa, conocen a Christina en uno de esos escaparates para prostitutas del barrio rojo de Amsterdam. A partir de este encuentro entre los tres personajes surgirá la historia de amor quebrado en la que tiene que ver mucho el carácter de cada uno de ellos.

Un carácter que queda muy bien dibujado y definido con la salida profesional que toma cada uno de los dos amigos. Ambos cursaron estudios superiores de Literatura. Matt, mucho más brillante, más intelectual que Daniel, pronto sintió ese punzazo creador y se lanzó a escribir obras de teatro, a dar rienda suelta a su imaginación. A las puertas de cumplir los treinta años no ha conseguido ver ninguna de sus obras fuera del papel. Vive con la desesperanza de triunfar, del reconocimiento más allá de algún premio para jóvenes. Desesperanza, eso define bien a Matt. Sensible, introvertido, amigo de sus libros, suceptible. Su relación con las mujeres tan sólo se reduce a dos. Y una de ellas, la que iba a convertirse en el amor de su vida, terminó en manos de su…¿amigo? Daniel.

Sí. Daniel es justo lo contrario, un tipo sin alma. Un depredador que se mueve bien en la jungla del mundo cortando personas como el explorador que va despejando su camino en la selva con una hoz en la mano. Por eso, Daniel ha enfocado sus estudios en Literatura para entrar en una editorial como cazatalentos. Se encarga de convertir en best sellers novelas que autores noveles envían a su despacho. Es un personaje al que vemos convertirse en un tiburón del mercado editorial. Pisotea lo que sea necesario. Eso incluye a su amigo también.

En ‘Invierno en el barrio rojo’ se intenta mostrar esa mutación de los tres personajes a lo largo de las más de dos horas que dura la obra. Tres momentos en los que los que contemplamos tres versiones del mismo personaje: cuando los amigos conocen a la prostituta, cuando ella se queda sola con Matt y cuando los tres vuelven a encontrarse un año después en Nueva York.

 

La puta, pieza central

Esa puta con la que los dos amigos topan en Amsterdam es un personaje central. Daniel la pone en la vida de Matt, a medias para sacarlo de la depresión constante en la que vive sumido y a medias para hacerle sentir inferior a él: lo que para Matt es una mujer interesante y atractiva, para Daniel no es más que una despreciable puta. Y así la tratan.

El problema surge cuando esa puta sin esencia de puta –en la vida no todo el mundo termina siendo aquello que sueña o para lo que se prepara- se enamora del carácter alegre, extrovertido y vividor de Daniel, mientras no puede más que sentir pena por Matt, que a su vez se enamora locamente de la puta, Christina.

 

 

Amor no correspondido. Amor nacido de las necesidades. Daniel, una persona despreciable, representa en la vida de Christina esa alegría, ese sentirse viva, que tanto anhela. Por su parte, Christina representa para Matt el cariño, representa unos ojos que no lo miran como un bicho raro y una boca que lo besa.

Este es el panorama que nos retrata en en ‘Invierno en el barrio rojo’ Adam Rapp. Una obra llena de topicazos, en la que se echa en falta mayor definición en los personajes, escenas menos predecibles y en la que la erótica que gira alrededor del personaje de Christina es básica.

 

Pobre adaptación, pobre dirección de Etura.

La adaptación de ‘Invierno en el barrio rojo’ de Gonzalo de Santiago, que se puede ver hasta el 17 de marzo en el Teatro Español de Madrid bajo la dirección novel de la actriz Marta Etura, es un quiero y no puedo.

La erótica, la sensualidad, esa parte tan importante en la obra, queda muy liviana bajo la mano directriz de Etura. La obra, el escenario, el lenguaje (soez en ocasiones)… que insinúan al espectador estar ante una obra contemporánea, transgresora, rompedora… queda sólo en eso, en mera insinuación.

La sensualidad, la erótica, se desmorona en el momento en el que los actores no nos ofrecen ni tan siquiera un pasional beso. Las escenas de cama quedan resueltas apagando la luz o bien dejando a los actores con la ropa puesta. Desde luego, la obra dirigida por Marta Etura hubiera pasado la censura española de tiempos pasados.

En cuanto al trabajo de los intérpretes, el más destacado es el de Alejandro Botto que sí consigue dotar a su personaje (Daniel) de cierta personalidad, aunque no en pocas ocasiones cae en el error de la exageración. Sobre todo al comienzo, cuando ha de simular que su personaje está ebrio y bajo los efectos de la marihuana.

Aura Garrido, sin desencantar, ofrece una interpretación muy plana. Su personaje (la puta), como el de los dos amigos, pasa por tres estados; sin embargo, Aura –quizá bajo las indicaciones de Etura- lo que interpreta son tres personajes distintos. De tal manera que es imposible ver nada de la Christina del final de la obra en la alegre puta que nos encontramos al principio y viceversa. A Aura Garrido también se le echa en falta algo más de intensidad en los momentos de más carga emotiva o en los momentos de mayor temperatura sexual.

Y el personaje de Matt está cargado de dramatismo, pero termina provocando carcajadas en manos de Gonzalo de Santiago. Según en qué parte del escenario esté, a veces, ni se le entiende lo que pronuncia (y eso que la obra se desarrolla en la sala pequeña del teatro, con capacidad para menos de 100 personas). Continuamente mantiene el subir y bajar los brazos como un gesto distintivo que termina siendo ridículo. Exagerado en unos momentos e inexpresivo en otros. Muy por debajo de sus otros dos compañeros a pesar de ser él uno de los artífices de que la obra de Rapp viera la luz en España (en 2011 en la sala Mirador) y de que ahora se represente en el Español.

‘Invierno en el barrio rojo’ es pues una obra que propone, que en algunos momentos llega a prometer, pero que se desploma. Aunque lo mejor de su adaptación  –casi lo único destacable- es la escena del casi final en la que se encuentran Christina y Daniel en Nueva York. Esa es la escena de mayor fuerza, de mayor emoción, de mayor desgarro, de mayor carga sexual, pese a la mala resolución de la directora de la obra.

Todo lo demás lo podemos resumir como la obra en la que una puta que sufre de amor no correspondido. No más.

MÁS INFORMACIÓN:

Fecha Del 13 de febrero al 17 de marzo de 2013
Sala Teatro Español – Sala Pequeña
Horario De martes a sábado, 20.30h. Domingos 19.30h.
Precio Entradas 18€. Martes, miércoles y juves 25% dto

URL simplificada: http://www.puntoencuentrocomplutense.es/?p=40134

Publicado por en marzo 1 2013. Archivado bajo Con nombre propio, David Redondo, General, Más cultura, Teatro. Puedes seguir las entradas a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o referencia a esta entrada

1 comentario por “‘Invierno en el barrio rojo’: la puta que sufre de amor no correspondido”

  1. Creo que no has sido del todo justo en esta crítica.

    Yo fui a verlo y el personaje de Matt me pareció bastante correcto, incluso conseguía que el espectador pudiera verse reflejado en algunos instantes. Si bien es cierto que en algunos momentos resultaba algo ridículo, me pareció correcto.

    El día que yo fui a verlo, la actriz estaba enferma y fue sustituida por la propia directora, que en mi opinión lo hizo bastante bien. Su personaje me gustó mucho, quizá menos al principio que a medida que iba avanzando la obra.

    Sin duda, el personaje de Daniel fue el que menos me gustó. No por la interpretación (aquí coincidimos en que al principio era demasiado exagerado, llegando a incomodar al espectador), sino por el personaje en sí, que me resultaba desagradable… pero forma parte de la obra y debe estar así representado.

    En cuanto a la obra en general, es cierto que era muy light en cuando a escenas con carga sexual, pero creo que tampoco era necesario ser excesivamente explícito. Quizá es confuso el final y muy rápido, pero relacioné que en la misma obra hablan de una obra de teatro que no tiene final, o que tiene un final abierto… y en cierto modo ese guiño en la obra sobre la propia obra me cautivó.

    Finalmente decir que no soy crítico ni nada por el estilo, pero al final lo que cuenta es que agrade al público y yo formé parte de él.

    Es mi opinión, cada uno tendrá la suya y espero que no te moleste que la mía difiera tanto de la tuya.
    Saludos.

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