Cuando la avaricia no tiene límites

Javier Taeño- Opinión
Ladrones. Carroñeros. Golfos. Hipócritas. Indeseables. Son algunas de las palabras que cualquier ciudadano anónimo puede pronunciar cuando se le pregunta su opinión acerca de la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores). Palabras que pueden resultar muy duras, muy exageradas, desproporcionadas incluso.
A priori, la SGAE sólo lucha por evitar ataques contra la propiedad intelectual, por construir un mundo justo, en el que los artistas consiguen el reconocimiento por su obra. Un mundo que lucha por evitar la piratería que empobrece al autor y por supuesto a toda la SGAE. Una declaarción de intenciones bonita y respetable como una causa justa que es. Hasta aquí todo perfecto. Pero y éste es el gran problema, que hay un pero, no todo es oro lo que reluce, no todos son tan honrados como parecen.
Llevamos meses pagando un canon abusivo por los cd´s vírgenes. Un canon que no penaliza por piratear sino que penaliza por si acaso pirateas. La SGAE presupone que un disco en blanco va a ser utilizado para grabar música ilegalmente, así que te cobra dinero por ello. No importa que miles de empresas en nuestro país utilicen los cd´s para hacer copias de seguridad de sus archivos. A la SGAE le da igual, lo importante es seguir recaudando.
Otro caso sorprendente/ lamentable es el de un equipo de fútbol, el C. D. Badalona de Segunda División B, que no puede poner su himno antes de los partidos porque tienen que pagar un canon a nuestra querida Sociedad General de Autores Españoles cada vez que lo reproducen. ¡Pero esto qué es! ¡Un club de fútbol que tiene que pagar por poner su himno!
Sin embargo, hay un caso superior, un caso que demuestra la mezquindad, la codicia, la avaricia, la injusticia suprema de estos señores. Un instituto de Galicia no puede representar la obra Bodas de sangre de Federico García Lorca porque la SGAE exige 95 euros para poder hacerlo. Posiblemente la SGAE piensa que los niños, que sólo están haciendo una representación teatral en su colegio, van a lucrarse, a enriquecerse, a jugar con la propiedad intelectual de Lorca. ¿Qué va a ser lo próximo? ¿Cobrarnos cada vez que encendamos nuestro Ipod?
Atrás quedan otros casos igual de sangrantes que podrían ser analizados como el canon que la SGAE quiso cobrar a una peluquería de Barcelona o el concierto benéfico que ofreció Bisbal hace unos meses, en el que intentaron cobrar igualmente, ya que no entienden la palabra benéfico.
Con la SGAE no hay fronteras, no hay normas. Es la ley de la selva, es la ley de la SGAE. Por eso, no tenemos que escandalizarnos si alguien dice que son una panda de carroñeros o una panda de indeseables.
Señores de la SGAE, el respeto se lo tiene que ganar uno con acciones y más cuando ese cúmulo de palabras desagradables no se convierte en un insulto sino en una definición realista de lo que ustedes son.