Miedo al miedo
- Jueves, Agosto 13, 2009, 12:58
- Reportajes PdE
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Diego Montes – Reportaje
“Empecé con veinticinco años, tengo cuarenta y seis. A mí jamás nadie me dijo lo que me ocurría. Depresión. Pastillas y psicólogos, y yo no mejoraba. Vi un reportaje sobre agorafobia y tenía los mismos síntomas”. Marta sonríe continuamente. Desprende energía y esperanza. Es una mujer positiva y optimista porque sabe que está cerca de superar su problema. “Padeces agorafobia”, le aseguraron hace poco más de un año. Nadie hasta entonces había detectado en ella los síntomas más que evidentes del trastorno. “He estado en cinco psiquiatras. No sé si es algo que no conocen bien. Todos lo achacaban a una depresión, astenia primaveral. A base de antidepresivos siempre, para que estuviera muy tranquila”.
La agorafobia es un trastorno que afecta al tres por ciento de la población, en su mayoría mujeres. Uno de los principales problemas a los que se enfrenta quien lo padece es el desconocimiento que hay en la sociedad. Igual que Marta, muchos otros acuden a psiquiatras que no saben dar con la solución a su problema, muchas veces, ni siquiera son capaces de diagnosticarlo. ”La agorafobia ha sido un cajón de sastre porque va acompañado de un montón de síntomas. Empiezan con: ‘Tengo taquicardias voy al cardiólogo. Me mareo, voy al otorrinolaringólogo’. Hacen todo un periplo de médicos hasta que al final alguien les dice que todo lo que para ellos es real, en realidad es un juego mental. Te produce mucho rechazo contarle al otro lo que te pasa. No es algo visible, no sigue un patrón” ,dice Olga, psicóloga de AMADAG, la única asociación de agorafóbicos de la Comunidad de Madrid. La ignorancia del trastorno es tal que en algunas comunidades como Asturias no cuentan con ninguna asociación especializada, así que no queda otro remedio que pagar por un psicólogo.
La mayoría de la gente no conoce las connotaciones de la palabra agorafobia. La definición más usual es la de miedo a los espacios abiertos. Algo que resulta incierto. “Definirlo como el miedo a los espacios abiertos es el error más grande que hay. Puedes tener miedo en tu casa, en la inmensidad o simplemente no poder entrar a la ducha. Sucede un primer ataque de pánico y al ser una experiencia que te marca, empiezas a generar miedo a que esa sensación se vuelva a producir. A partir de ahí, evitas esas situaciones porque crees que es lo que te salva”, explica Filipa, la otra terapeuta del centro. Por otro lado, el trato que se da al trastorno en los medios de comunicación no es el más adecuado. Se busca el morbo, la parte llamativa de la historia. Aunque hay algún reportaje visual que lo explica con claridad, la mayoría ofrecen el lado sensacionalista, el final feliz al que no siempre se llega. “Existe demasiado efectismo en los medios de comunicación. Eso de poner dos personas que se conocen por Internet, hacen un viaje y se enamoran, a mí no me interesa. Me interesa el proceso, no el resultado final. O el inicio, que es catastrófico. El proceso es tremendamente duro”, comenta Olga.
Y, ¿qué es un ataque de pánico? La mayoría de los agorafóbicos, al ser preguntados por su primer ataque de pánico, lo definen como la inminencia de la muerte. Tiene similitudes con un ataque cardiaco. Esto hace que acudan al hospital con la sensación de haber estado a punto de morir. “Cuando te da un ataque de pánico tienes la sensación de que te mueres. Te ahogas y piensas que te estás muriendo”. Marta ha sufrido muchos ataques de pánico en su vida. Lo cuenta como si fuese algo a lo que ha estado acostumbrada durante mucho tiempo. “Tuve el primer ataque de pánico con veintitantos años. No sabía lo que era. Notaba que el suelo era blando, que me hundía”, explica Marta. Ese fenómeno se denomina desrealización y consiste en la percepción del mundo como algo irreal o extraño. Otro de los síntomas es la despersonalización. Se percibe el Yo como algo extraño. La sensación es la de ser el personaje de una película al que manejamos como un robot o, simplemente, se tiene la impresión de separarse del cuerpo durante unos instantes. Olga, sin embargo, explica el ataque de pánico de un modo curioso: “Las relaciones sexuales son ataques de pánico reinterpretados. Las sensaciones durante un orgasmo y un ataque de pánico son las mismas; tienes sudoración, taquicardia, te puedes marear, cierta sensación de irrealidad. La diferencia es que en una relación sexual interpretas lo que te sucede como algo agradable”. Además de una relación sexual, el ataque de pánico puede compararse a consumir drogas de síntesis tales como el LSD o el éxtasis. “Marta, hay gente que paga por tener sensaciones como las vuestras”, bromea Olga.
Marta lleva un año en la asociación y nota una gran mejoría. Algunos agorafóbicos tienen una serie de rutinas de seguridad. Patas de apoyo. Salen de casa y llegan a su puesto de trabajo, normalmente utilizando siempre el mismo camino. Cuando terminan, visitan el supermercado, si es necesario, y vuelven a su hogar. Sin embargo, el problema de Marta era diferente. “No iba sola a ningún lado. Buscaba mil excusas para no salir sola. Eso sí, acompañada podía llegar al fin del mundo”, cuenta Marta. El inconveniente en estos casos es que los familiares o seres cercanos creen que ayudan realizando las tareas que el agorafóbico no puede hacer por sí mismo. Es un grave error porque provoca que el afectado por el trastorno se acomode y no sienta la necesidad de salir de su casa. Hacen de su hogar una fortaleza inexpugnable en la que se sienten protegidos. Marta necesitaba constantemente la ayuda de los demás. Iba al mercado con la vecina, salía siempre con amigos o familiares y dependía de su marido casi para cualquier compra. “Abría la puerta de mi casa y empezaba a encontrarme fatal. Soy una fumadora compulsiva y en la puerta donde vivía había un quiosco. No podía ni bajar allí y está en el portal de mi casa. Tenía que llamar a mi marido”.
AMADAG organiza talleres para los acompañantes, en navidad realizó un mercadillo con las creaciones de los miembros de la asociación y edita cada mes una revista. Sin embargo, su objetivo no es crear lazos de amistad en las terapias. De hecho, no fomentan, por ejemplo, que varias personas se acostumbren a acudir juntos a la asociación. “Según en que casos se establecen limitaciones. Ir y venir con la misma persona al grupo en un primer momento ayuda pero después se crea una rutina negativa. No es la finalidad venir a hacer amigos.”, explica Olga. El objetivo es muy concreto, trabajar acerca de un trastorno. “Lo que surja no nos interesa. No garantizamos salir con un
montón de colegas ni poder ir de viaje. No es un grupo de apoyo, es un grupo terapéutico”, comenta Filipa.
Las terapias en AMADAG son diferentes para cada tipo de persona porque cada persona tiene una serie de trabajo personal que le condiciona. Siempre recomiendan el uso de fármacos para controlar la ansiedad y, por supuesto, bajo ningún concepto retiran la medicación a nadie. Las prescripciones médicas son un trabajo del psiquiatra. “La medicación es necesaria. Si trabajamos con personas con altos niveles de ansiedad, la ansiedad puede ser superior a las ganas de afrontar el problema. La capacidad para entender según qué cosas está disminuida por esa ansiedad”, comenta Filipa. Los fármacos que se utilizan son variados. Los más comunes son los denominados ansiolíticos e IRSS (inhibidores de recaptación de serotonina) como el Prozac.
Si bien es cierto que el trastorno no se supera exclusivamente con medicación. Sólo es un apoyo, una muleta que permite frenar la ansiedad. Hay varios requisitos para iniciar una terapia. En primer lugar, aceptar el problema. Ser consciente de lo que ocurre. Por otro lado, tener el convencimiento de que se puede vencer a la agorafobia. Tener fe y confiar en uno mismo. Eso es lo que marca un antes y un después. “Cualquier persona puede superar la agorafobia a no ser que tenga alguna discapacidad intelectual. La definición del trastorno es que sí se puede superar, no es algo intrínseco ni genético”, asegura Filipa.
“Tienes que ser tu el que quiera. No tienen la varita mágica. Te ayudan, te animan a que hagas cosas y tú pierdes los miedos”, asevera Marta. La agorafobia es un trastorno complicado y muy completo. Tiene gran variedad de síntomas y trae consigo otro tipo de miedos. Su variabilidad individual es enorme. No posee unos patrones conductuales fijos. Resulta desconocido para la mayoría y es difícil de comprender tanto para el que lo sufre como para sus familiares y amigos. Provoca temor y pánico. No es un problema depresivo. No es locura. No es estrés. No es miedo a los espacios abiertos. Es algo más que eso. Condiciona una vida hasta el punto de no poder salir de casa. De observar con envidia las actividades cotidianas que los demás hacen. De vivir en una burbuja de cristal que es difícil de romper. Sin embargo, con valor y decisión puede dejarse atrás para recuperar todos los días desperdiciados a partir del primer ataque de pánico. “He perdido veinte años de mi vida sin saber qué me ocurría. Pero ahora tengo una nueva vida. Vengo caminando desde la plaza Jacinto Benavente. Puedo coger el metro. Hago planes. La agorafobia prácticamente no me limita en nada”. El mensaje de esperanza que envía Marta es claro. Con tesón y fuerza de voluntad todo puede superarse. “Hay una frase que tengo marcada a fuego: ‘Si tú no, quién. Si no es ahora, cuándo. La repito como un mantra”.
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Ahora que venga Mayo y ponga pegas…
Me parece genial. Es de agradecer, que haya gente que se moleste en escribir sobre este problema que tenemos much@s. Esto no solo nos ayuda, sino que además nos hace pensar y comprender un poco mejor nuestro problema.
Gracias de todo corazón.
yo padeci este mal infernal llamado agorafobia y logre superarlo despues de 3 años de tratamiento psiquiatrico que bueno que escriben articulos sobre este terrible mal que para muchos es desconocido.
Hola,
Yo sufro desde hace varios años trastornos de pánico. Yo vivo en Asturias y en la seguridad social aqui no tienen solución para estos problemas, solamente te dan pastillas el psiquiatra y el psicolo va y me contesta que él lo único que puede hacer por mi es escucharme. Me niego a que esto sea así, yo creo que esto tienen solución, pero cada vez estoy peor y tengo más pánico a cosas.
¿Alguien sabe de algún sitio en Asturias donde me puedan ayudar?
Gracias.
hola ,
un favor en este reportaje se habla de todo menos de la agorafobia en si,porfavor podrian definirla, en ves de decir lo q no es podrian decir lo que es,
gracias